Minería peruana: más inversión, pero ¿dónde está el nuevo cobre?
La inversión minera creció 42,7% en el primer semestre de 2026, hasta US$3.304 millones, pero la exploración avanzó apenas 1,3%. El contraste adquiere relevancia frente a los más de US$30.000 millones en proyectos cupríferos que CESCO identifica para Perú.
La inversión minera en Perú creció 42,7% durante el primer semestre de 2026, mientras la exploración avanzó 1,3%.
La minería peruana está atravesando en 2026 un ciclo de fuerte crecimiento de la inversión, pero el comportamiento de sus distintos componentes muestra velocidades diferentes.
Entre enero y junio, las empresas mineras desembolsaron US$3.304 millones, monto que representa un incremento de 42,7% frente a los US$2.315 millones registrados en similar periodo de 2025, según el Boletín Estadístico Minero del Ministerio de Energía y Minas (MINEM).
Pero dentro de ese crecimiento existe una diferencia relevante: mientras el capital destinado a infraestructura, desarrollo y preparación de minas aumentó con fuerza, la inversión en exploración alcanzó US$336 millones y creció apenas 1,3% en el primer semestre.
El dato cobra otra dimensión al contrastarlo con el potencial cuprífero identificado por el Centro de Estudios del Cobre y la Minería (CESCO), que durante Expomina 2026 presentó una cartera de 42 proyectos de alta probabilidad en Perú, Chile y Argentina, con una inversión potencial cercana a US$140.000 millones y capacidad para añadir unos 6 millones de toneladas de cobre a la producción regional.
En Perú, CESCO identifica más de 11 proyectos cupríferos que representan una inversión potencial superior a US$30.000 millones. La pregunta, por tanto, no pasa únicamente por el tamaño de la cartera futura, sino por cuánto capital está avanzando hoy hacia nuevas reservas y cuánto está destinado a ampliar, preparar, modernizar o sostener operaciones existentes.
La inversión minera crece 42,7%, pero la exploración apenas 1,3%
El primer semestre muestra un fuerte incremento del gasto minero. Los US$3.304 millones acumulados hasta junio constituyen un salto de 42,7% respecto del mismo periodo de 2025, según el reciente Boletín Estadístico de Minería (BEM) del Ministerio de Energía y Minas (Minem).
La exploración, en cambio, tuvo un comportamiento más moderado.
Entre enero y junio se destinaron US$336 millones a esta actividad, apenas 1,3% más que los US$332 millones registrados en el mismo periodo de 2025. La exploración representó alrededor de 10,2% de toda la inversión minera ejecutada en el primer semestre.
Esto no significa que las empresas hayan reducido el gasto exploratorio. El monto aumentó. Lo que muestra el dato es que su crecimiento quedó muy por debajo del incremento de la inversión minera total.
Infraestructura concentra una parte importante del nuevo capital
El contraste aparece con mayor claridad cuando se observa hacia dónde se dirigieron los recursos.
En junio, la inversión en infraestructura alcanzó US$205 millones, con un crecimiento de 84,9% interanual. Entre las principales empresas que explicaron este comportamiento estuvieron Las Bambas, Shougang, Antamina y Southern.
El rubro de desarrollo y preparación también registró un fuerte dinamismo. En el primer semestre, según la información del MINEM, este componente alcanzó alrededor de US$705 millones, con un crecimiento superior al 100% respecto del año anterior.
De acuerdo con el propio MINEM, el comportamiento de la inversión responde a desembolsos destinados a ampliar capacidades operativas, asegurar la continuidad de las operaciones y sostener proyectos estratégicos.
¿Qué ocurre con la exploración?
La exploración constituye el punto de conexión entre la inversión actual y la capacidad futura de la industria.
Durante el primer semestre, Zafranal concentró US$50 millones de inversión exploratoria, equivalente al 14,9% del total. Le siguieron Poderosa, con US$38 millones; Antamina, con US$17,2 millones; y Buenaventura, con US$16,8 millones.
Estas cuatro compañías concentraron aproximadamente 36,4% de toda la inversión en exploración registrada entre enero y junio.
También hubo empresas que incrementaron significativamente sus desembolsos exploratorios. Minsur, por ejemplo, registró un crecimiento de 146,8%; Chungar, de 164,4%; mientras que Marcobre aumentó su inversión en 49,9%.
El resultado agregado, sin embargo, fue un crecimiento de solo 1,3%.
Así, el comportamiento de 2026 presenta una particularidad: el sector está invirtiendo mucho más, pero ese incremento no está trasladándose en la misma magnitud hacia exploración.
El contraste con los US$30.000 millones identificados por CESCO
La lectura adquiere mayor relevancia si se incorpora la perspectiva regional.
Dentro de ese universo, Perú aporta más de 11 proyectos y más de US$30.000 millones de inversión potencial.
La organización también estima que la demanda mundial podría requerir entre 15 y 20 millones de toneladas adicionales de cobre durante los próximos años, en un escenario en el que parte de los yacimientos actualmente en producción comienza a registrar una disminución de su producción. Sudamérica concentra alrededor de un tercio de la producción mundial del metal.
Por eso, el desafío para los productores de la región no está solamente en contar con recursos identificados, sino en convertir esos recursos en nuevos proyectos, capacidad instalada y producción.
El cobre pone el foco sobre la nueva oferta
El cobre ocupa una posición central en esta ecuación.
CESCO calcula que la producción conjunta de Perú, Chile y Argentina podría pasar de unos 8,1 millones de toneladas a cerca de 14 millones de toneladas si se desarrollan los proyectos considerados dentro de su escenario regional.
Ese incremento tendría también un impacto económico. Según el director ejecutivo del CESCO, Jorge Cantallops, el aporte directo del cobre al PBI de los tres países podría pasar de aproximadamente US$64.000 millones a más de US$120.000 millones. Al considerar el efecto multiplicador sobre proveedores y otras actividades vinculadas, el impacto económico total podría superar los US$200.000 millones.
Los datos disponibles para 2026 muestran dos velocidades dentro de la minería peruana.
Por un lado, la inversión minera total crece 42,7% y alcanza US$3.304 millones en el primer semestre. Infraestructura, desarrollo y preparación registran incrementos significativamente mayores que el promedio del sector.
Por otro, la exploración aumenta solo 1,3%, hasta US$336 millones.
La diferencia no implica que la exploración haya dejado de recibir recursos. Significa que el incremento de la inversión total está siendo mucho más rápido en otras etapas del ciclo minero.
Este comportamiento resulta relevante frente al escenario planteado por CESCO: mientras existe una cartera regional de 42 proyectos y más de US$140.000 millones de inversión potencial, la ejecución efectiva del capital en Perú durante 2026 se concentra, en buena medida, en infraestructura, desarrollo, preparación y sostenimiento de operaciones.
El punto central para la industria está, entonces, en la transición entre ambos momentos: convertir el potencial de nuevos proyectos en inversión efectiva y, posteriormente, en producción adicional de cobre.
Para Perú, donde CESCO identifica más de US$30.000 millones de potencial cuprífero, esa brecha entre proyectos identificados, exploración, inversión y producción será determinante para medir cuánto de la oportunidad regional puede transformarse efectivamente en nueva oferta minera.