Economía

Menos jóvenes, más trabajadores senior: el cambio demográfico que reconfigurará el empleo en Perú

El CEPLAN proyecta que la dependencia demográfica peruana pasará de 65,3 dependientes por cada 100 personas en edad activa en 2025 a 67,5 en 2030, impulsada por el envejecimiento. La transición obligará a las empresas a gestionar una fuerza laboral de mayor edad, elevar la productividad y aprovechar el potencial de trabajadores senior, mientras crece la economía plateada.

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El envejecimiento de la población peruana elevará progresivamente la dependencia de vejez y modificará la composición de la fuerza laboral, abriendo nuevos desafíos para el empleo y oportunidades para la economía plateada.

Durante décadas, el Perú se benefició de una reducción progresiva de la dependencia demográfica. Pero esa etapa está llegando a un punto de inflexión.

El Centro Nacional de Planeamiento Estratégico (CEPLAN) señala que la tasa de dependencia total pasó de 77,7 dependientes por cada 100 personas en edad potencialmente activa en 1995 a 65,4 en 2018. El mínimo reciente se ubicó en 64,5 entre 2020 y 2022. Desde entonces, el indicador empezó a subir: llegó a 64,7 en 2023, 65 en 2024 y 65,3 en 2025. Para 2030, el CEPLAN proyecta 67,5 dependientes por cada 100 personas en edad activa.

Perú: la dependencia demográfica volvió a aumentar después de alcanzar un mínimo de 64,5 dependientes por cada 100 personas en edad activa entre 2020 y 2022. Para 2030, el CEPLAN proyecta una tasa de 67,5.
Fuente: CEPLAN, Observatorio Nacional de Prospectiva, a partir de datos del INEI. Figura 4 del reporte «Incremento de la dependencia demográfica», actualización de agosto de 2026.

El dato importante no es únicamente el aumento de la tasa, sino qué tipo de dependencia está creciendo.

La dependencia infanto-juvenil seguirá disminuyendo, mientras que la dependencia de vejez aumenta. Entre 1995 y 2030, la primera pasaría de 65,9 a 41,2 dependientes por cada 100 personas en edad activa, mientras que la dependencia de vejez subiría de 11,8 a 26,3.

En otras palabras, el Perú está dejando atrás una estructura poblacional donde la principal presión provenía de niños y jóvenes para avanzar hacia otra donde el envejecimiento tendrá un peso creciente sobre la economía.

La ventana demográfica empieza a cerrarse

El fenómeno tampoco es exclusivamente peruano.

Según el CEPLAN, en América Latina y el Caribe había en 2023 unas 5,4 personas de entre 25 y 64 años por cada persona de 65 años o más. Para 2100, esta relación se reduciría a 1,4. El organismo advierte que estos niveles implican un impacto potencial sobre el mercado laboral y el desempeño económico, además de mayores presiones sobre salud, pensiones y protección social.

Para el Perú, la proyección de largo plazo muestra una transformación todavía más evidente: la dependencia de vejez pasaría de 15,96 en 2030 a 58,55 en 2100, mientras la dependencia infantil continuaría cayendo. La dependencia total llegaría a 83,24 hacia finales de siglo.

La composición de la dependencia demográfica está cambiando en el Perú. Entre 1995 y 2030, la dependencia infanto-juvenil disminuiría de 65,9 a 41,2, mientras la dependencia de vejez aumentaría de 11,8 a 26,3 por cada 100 personas en edad activa.
Fuente: CEPLAN, Observatorio Nacional de Prospectiva, a partir de datos del INEI. Figura 5 del reporte «Incremento de la dependencia demográfica», actualización de agosto de 2026.

Esto significa que el país no solamente tendrá una población más longeva. Tendrá, progresivamente, menos personas en edades laborales respecto de quienes se encuentran fuera de ellas.

Y ahí aparece el vínculo directo con el empleo.

El mercado laboral tendrá que trabajar con una población de mayor edad

El envejecimiento suele analizarse desde las pensiones o el gasto sanitario. Pero para las empresas existe otra consecuencia: la composición de su propia fuerza laboral cambiará.

El CEPLAN plantea entre sus recomendaciones estratégicas prolongar la vida laboral efectiva y aprovechar mejor el potencial de trabajo disponible, junto con políticas que permitan una mayor participación laboral de adultos mayores y otros grupos subrepresentados.

Esta recomendación adquiere especial relevancia cuando se contrasta con los datos aportados por Elizabeth Gómez, jefa de Proyectos Estratégicos de la Universidad del Pacífico, en entrevista con Índice.pe.

Gómez señala que 52,6% de las personas de 60 años a más participaba en el mercado laboral al cuarto trimestre de 2025, según la Encuesta Permanente de Empleo Nacional del INEI. La participación era de 62,4% entre los hombres y 43,2% entre las mujeres.

El dato muestra que el trabajador senior no es una figura del futuro: ya forma parte del mercado laboral peruano.

El problema es la calidad de ese empleo. De acuerdo con los datos citados por Gómez, 78,3% de los adultos mayores ocupados tenía un empleo informal, porcentaje que alcanzaba 81,3% entre las mujeres.

Por ello, el envejecimiento puede generar una doble presión: habrá más personas que necesiten generar ingresos durante más años, pero una parte importante llegará a esa etapa sin suficiente protección previsional.

El edadismo puede convertirse en un problema económico

Aquí aparece una dimensión que merece mayor atención empresarial.

Gómez advierte sobre los efectos del edadismo en los procesos de contratación y desarrollo profesional. Los filtros de edad, la asociación entre juventud y capacidad tecnológica o la falta de oportunidades de capacitación pueden terminar expulsando del mercado a trabajadores que todavía cuentan con experiencia y capacidades productivas.

Esto adquiere mayor importancia frente a la recomendación del CEPLAN de elevar la productividad.

El organismo plantea que, ante una menor expansión de la fuerza laboral, será necesario compensar esa reducción mediante innovación tecnológica y automatización.

Pero la tecnología por sí sola no resuelve el problema si una parte de los trabajadores queda rezagada en sus competencias.

Por ello, una de las respuestas empresariales podría pasar por ampliar la capacitación a lo largo de toda la vida laboral, incluyendo trabajadores mayores de 45 o 50 años.

La discusión deja entonces de ser simplemente si una persona mayor puede seguir trabajando y pasa a otra pregunta: cómo hacer que pueda seguir siendo productiva en un mercado que cambia tecnológicamente.

La productividad será clave para sostener el crecimiento

El CEPLAN coloca la productividad en el centro de la respuesta al envejecimiento.

Su argumento es directo: si la fuerza laboral crece menos, la economía necesitará producir más con cada trabajador. Para ello plantea inversiones en innovación tecnológica y automatización.

Este punto puede ser particularmente relevante para Perú, donde el reto no consiste únicamente en mantener ocupados a los trabajadores mayores, sino en elevar la productividad de un mercado laboral que todavía presenta una elevada informalidad.

En ese contexto, prolongar la vida laboral sin mejorar productividad podría significar simplemente extender años de trabajo de baja productividad.

La combinación que plantea el escenario demográfico es distinta: trabajadores con más años de vida laboral, actualización permanente de capacidades y empresas capaces de incorporar tecnología sin expulsar innecesariamente talento experimentado.

La economía plateada amplía el mercado más allá del empleo

La transición demográfica también genera un segundo efecto económico: aparece un mercado de consumidores de mayor edad cada vez más grande.

En su entrevista con Índice.pe, Elizabeth Gómez explica que la economía plateada comprende las actividades económicas dirigidas a las personas de 50 años a más, considerando que este grupo no solo consume, sino que también trabaja, emprende e invierte.

Según los datos citados por Gómez, existen más de 9,9 millones de peruanos de 50 años a más, y este grupo crece a una tasa anual de 3,61%, superior al crecimiento de 1,57% del conjunto de la población.

La dimensión empresarial es relevante.

El envejecimiento puede generar demanda para nuevos productos y servicios en sectores como salud preventiva, servicios financieros, vivienda adaptada, turismo, educación, tecnología, movilidad, entretenimiento y cuidados.

Es decir, la misma transición demográfica que reduce proporcionalmente la fuerza laboral también puede crear nuevos mercados y empleos asociados a las necesidades de una población de mayor edad.

El emprendimiento senior también forma parte de la ecuación

La economía plateada no se limita al consumo.

Gómez señala que 22,1% de las personas de 50 años a más tiene un negocio propio como principal o único trabajo y que otro 11,4% cuenta con un emprendimiento adicional.

Esto supone que aproximadamente un tercio del segmento participa en actividades emprendedoras, según los datos citados en la entrevista.

El desafío pasa entonces por determinar cuánto de ese emprendimiento puede convertirse en actividad empresarial sostenible y formal.

La pregunta adquiere mayor importancia porque el envejecimiento no será homogéneo en todo el país.

Lima, Callao y Moquegua enfrentarán antes el envejecimiento laboral

Uno de los elementos más interesantes del reporte del CEPLAN es que el envejecimiento no ocurrirá al mismo ritmo en todos los territorios.

Fuente: CEPLAN, Observatorio Nacional de Prospectiva, Tabla 2 del reporte «Incremento de la dependencia demográfica», con datos del INEI. Valores de dependientes de 60 años o más por cada 100 personas de 15 a 59 años.

Para 2030, la dependencia de vejez alcanzaría 33,7 en Moquegua, 33,6 en Callao y 31,3 en Lima. También registrarían niveles elevados Tacna, Lambayeque y Arequipa.

En cambio, Huancavelica, Huánuco, Amazonas y Loreto presentarían niveles menores.

Esto implica que no existe una única transición demográfica peruana.

Incluso dentro del mismo país coexistirán mercados laborales con una mayor concentración de trabajadores y consumidores senior con otros donde todavía predominará una estructura más joven.

Para las empresas, esto puede afectar desde la disponibilidad de talento hasta la composición de la demanda regional.

El otro gran mercado: los cuidados

El envejecimiento también abre un campo de actividad económica que todavía tiene un desarrollo limitado: los servicios de cuidado.

El propio CEPLAN señala que el aumento de la dependencia de vejez ejercerá presión sobre los sistemas de salud y cuidados de larga duración.

En su análisis, Gómez identifica precisamente los cuidados de largo plazo, la vivienda adaptada, la movilidad y la tecnología asistiva como ámbitos con potencial para nuevos negocios.

Esto puede tener además una consecuencia sobre el empleo femenino.

Si parte de las tareas de cuidado que actualmente recaen sobre los hogares se convierte en servicios especializados, podría surgir una mayor demanda de trabajadores capacitados en atención a personas mayores.

Pero ello requiere que los servicios puedan formalizarse y que exista capacidad de pago suficiente para sostenerlos.

El problema comienza mucho antes de los 60 años

Uno de los principales aportes que puede extraerse de ambos documentos es que el envejecimiento laboral no debería abordarse cuando el trabajador ya llegó a la tercera edad.

La preparación comienza mucho antes.

Si las personas llegan a los 55 o 60 años sin actualización de competencias, sin ahorro previsional suficiente y fuera del mercado formal, la posibilidad de extender una vida laboral productiva será mucho más limitada.

Por eso, la formación continua aparece como una variable económica, no solamente educativa.

La digitalización también modifica este escenario. Gómez señala que el acceso a internet en hogares cuyo responsable tiene 51 años o más pasó de 67,7% en 2019 a 92,7% en 2025, según ERESTEL de Osiptel.

El reto, por tanto, ya no sería solamente tener acceso a tecnología, sino desarrollar las capacidades necesarias para convertir ese acceso en productividad.

Una transición demográfica con dos velocidades

El reporte del CEPLAN permite identificar una característica adicional: Perú tendrá que gestionar simultáneamente territorios que envejecen rápidamente y otros donde todavía predomina una población relativamente joven.

En 2030, por ejemplo, Ucayali y Loreto todavía presentarían tasas de dependencia total elevadas —71,8 y 71,6, respectivamente— debido a una mayor carga juvenil. En paralelo, Lima, Callao y Moquegua mostrarían una presión creciente de la dependencia de vejez.

Esto significa que las políticas de empleo y formación no deberían ser uniformes.

En unas regiones la prioridad puede estar en incorporar a una población joven al empleo productivo; en otras, en retener y capacitar trabajadores mayores y desarrollar servicios para una población envejecida.

El desafío para las empresas: gestionar cuatro generaciones

Gómez plantea que las empresas pueden llegar a tener hasta cuatro generaciones conviviendo dentro de una misma organización.

Esta convivencia puede convertirse en un problema si la edad determina las oportunidades de contratación, capacitación o promoción.

Pero también puede utilizarse para transferir conocimiento.

Los trabajadores mayores pueden aportar experiencia, conocimiento de procesos y relaciones acumuladas, mientras los trabajadores jóvenes pueden aportar nuevas competencias digitales y otras capacidades emergentes.

La gestión intergeneracional, por tanto, deja de ser una cuestión exclusivamente de recursos humanos y adquiere una dimensión de productividad.

El envejecimiento cambia la pregunta sobre el empleo

El CEPLAN resume el desafío demográfico en una combinación de mayor dependencia, menor crecimiento de la fuerza laboral y necesidad de aumentar la productividad.

Su propuesta incluye prolongar la vida laboral efectiva, impulsar tecnología y automatización, fortalecer la productividad y adaptar los sistemas de protección social.

La entrevista con Gómez permite añadir una dimensión empresarial: el trabajador senior también puede ser parte de la solución económica, no solamente del problema previsional.

Eso supone cambiar algunas premisas sobre el mercado laboral.

La edad de una persona no necesariamente determina su productividad. Lo que puede determinarla cada vez más es si mantiene sus competencias actualizadas, si encuentra condiciones para continuar trabajando y si las empresas están preparadas para aprovechar su experiencia.

Para el Perú, el reloj demográfico ya empezó a moverse.

La tasa de dependencia volvió a aumentar después de décadas de descenso. La dependencia de vejez crece más rápido. Y las empresas tendrán que operar progresivamente con una fuerza laboral de mayor edad.

La pregunta económica, entonces, ya no es si el Perú va a envejecer.

La pregunta es cuánto empleo productivo, cuánto talento y cuántos nuevos negocios será capaz de generar mientras envejece.

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