Economía

Emprender después de los 50: cinco formas de usar la IA

Desde preparar una cotización hasta convertir años de experiencia en un servicio, la inteligencia artificial puede ayudar a quienes trabajan por cuenta propia a ahorrar tiempo y probar nuevas ofertas.

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La inteligencia artificial puede ayudar a quienes emprenden después de los 50 a preparar cotizaciones, organizar consultas de clientes y explorar nuevos servicios.

Un técnico que ha pasado años reparando equipos puede usar inteligencia artificial (IA) para preparar una propuesta de mantenimiento preventivo. Una comerciante puede ordenar las preguntas que recibe con más frecuencia y redactar respuestas para su catálogo. En ambos casos, la herramienta ayuda a resolver una tarea concreta a partir de lo que cada persona ya conoce de su oficio y de sus clientes.

En el Perú, más de dos millones de personas de 50 años a más emprenden o trabajan por cuenta propia, según la estimación difundida por Emprende UP con base en la Encuesta Permanente de Empleo Nacional (EPEN) de 2025, que realiza el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI). La cifra reúne emprendimiento y autoempleo, dos formas de actividad económica relevantes para entender cómo cambia el trabajo a medida que envejece la población.

Elizabeth Gómez, jefa de Proyectos Estratégicos de la Universidad del Pacífico, señala que la velocidad con la que cambia la IA puede generar incertidumbre entre quienes evalúan incorporarla a su negocio. A la vez, identifica un punto de partida para este grupo. «La experiencia, el conocimiento de un sector y la relación con los clientes pueden potenciarse cuando se combinan con nuevas tecnologías», explica.

Cinco usos de la IA para quienes emprenden después de los 50

  1. Convertir un oficio en un servicio. Una persona con experiencia en mantenimiento, costura o gestión de inventarios puede pedirle a una herramienta de IA que la ayude a estructurar una asesoría, un taller o un paquete de servicios. El borrador le permite precisar qué ofrecería y conversar con potenciales clientes para saber si pagarían por ello.
  2. Entender qué preguntan y necesitan los clientes. La IA puede agrupar consultas frecuentes, sin incluir datos personales, y mostrar qué temas aparecen una y otra vez. Si varias personas preguntan por los plazos de entrega o las opciones de pago, el negocio puede incorporar esa información en su catálogo o en sus mensajes de atención.
  3. Agilizar tareas administrativas y comerciales. Redactar una cotización, preparar un mensaje de seguimiento o adaptar la descripción de un producto para redes sociales son tareas que pueden empezar con un borrador generado por IA. Antes de enviarlo, el emprendedor debe revisar precios, fechas y condiciones.
  4. Convertir lo aprendido en contenido. Quien domina un oficio puede usar la IA para ordenar sus apuntes y armar el guion de un tutorial, una guía o un curso breve. Los ejemplos y las demostraciones aportados por la persona que conoce el trabajo le dan al material su utilidad práctica.
  5. Probar ideas con personas de otras generaciones. Un equipo puede combinar el manejo de plataformas digitales con la experiencia comercial. Por ejemplo, una persona puede configurar un catálogo en línea y otra definir qué productos destacar, cómo presentarlos y qué dudas conviene resolver antes de la compra.

Aprender entre generaciones

Gómez plantea que el intercambio funciona en ambos sentidos. Quienes conocen herramientas digitales pueden facilitar su incorporación al negocio. Quienes llevan años en una actividad pueden aportar información sobre cómo compran sus clientes, qué condiciones negocian los proveedores y qué problemas merece la pena resolver primero.

En abril de 2026, la Presidencia del Consejo de Ministros aprobó la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial 2026-2030 mediante la Resolución Ministerial N.° 152-2026-PCM. La estrategia incluye el desarrollo de capacidades y la promoción de la innovación y el emprendimiento. Desde el ámbito universitario, Gómez señala que Emprende UP desarrolla espacios de formación dirigidos a personas de 50 años a más.

Una primera prueba puede partir de una tarea que se repite cada semana, como contestar consultas o preparar propuestas. Comparar cuánto tiempo toma completarla y cuántas correcciones exige el resultado ayuda a decidir si conviene incorporar la herramienta a la rutina del negocio.

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