Desempleo juvenil en Perú duplica la tasa nacional: ¿cómo destacar en el primer empleo sin experiencia?
La tasa de desempleo entre jóvenes de 14 a 24 años llegó a 9,6% en el primer trimestre de 2026, frente al 5,1% nacional. En este contexto, especialistas recomiendan que quienes buscan su primera oportunidad laboral conviertan proyectos académicos, voluntariados y competencias digitales en evidencia de sus capacidades.
Jóvenes profesionales y estudiantes durante una búsqueda de empleo, en un contexto marcado por las dificultades de acceso al primer trabajo en el mercado laboral peruano.
Aunque el desempleo juvenil disminuyó respecto del 11,3% registrado en el mismo periodo de 2025, la brecha frente a otros grupos etarios continúa siendo significativa. La tasa llegó a 5% entre las personas de 25 a 44 años y a 3,4% entre quienes tienen 45 años o más.
La situación peruana forma parte de un desafío laboral más amplio en la región. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) señala que las personas jóvenes de América Latina y el Caribe enfrentan una tasa de desocupación aproximadamente tres veces superior a la de los adultos, además de una mayor incidencia de informalidad.
En este escenario, la transición entre la educación y el trabajo adquiere especial relevancia. Para quienes todavía no cuentan con experiencia laboral formal, el currículum vitae puede convertirse en una herramienta para demostrar capacidades que no necesariamente se adquirieron dentro de una empresa.
Un CV que muestre capacidades y no solo experiencia
La ausencia de experiencia laboral no significa necesariamente ausencia de competencias. Esa es la premisa detrás del denominado CV funcional, un formato que prioriza habilidades, formación, proyectos y logros por encima de una trayectoria profesional que todavía está en construcción.
Nataly López Tineo, directora de Desarrollo Académico y Sostenibilidad de la Universidad Privada del Norte (UPN), sostiene que un candidato joven puede demostrar sus capacidades a través de proyectos académicos, investigaciones, voluntariados, actividades extracurriculares, emprendimientos y certificaciones.
La lógica es trasladar al currículum aquellas experiencias que permitan responder una pregunta central para el empleador: ¿qué puede aportar este candidato a la organización?
Esto cobra mayor importancia en un mercado laboral en transformación. La OIT advierte que, además de las brechas de acceso al empleo, los jóvenes enfrentan el desafío de adaptar sus competencias a los cambios tecnológicos y a la digitalización.
Cinco elementos para construir un CV sin experiencia
1. Un perfil profesional breve
El documento puede comenzar con una descripción concisa de la formación, principales fortalezas, áreas de interés y objetivo profesional. La recomendación es evitar descripciones genéricas y relacionar el perfil con el tipo de puesto buscado.
2. Competencias técnicas y digitales
El dominio de herramientas digitales, programas especializados, idiomas u otras competencias técnicas puede ocupar un lugar relevante, especialmente cuando tienen relación directa con la posición a la que se postula.
3. Proyectos académicos
Trabajos universitarios, investigaciones, casos prácticos y proyectos desarrollados durante la carrera pueden presentarse como experiencias en las que el candidato aplicó conocimientos, resolvió problemas o trabajó en equipo.
4. Voluntariados y actividades extracurriculares
La participación en organizaciones, actividades estudiantiles, iniciativas sociales o emprendimientos puede servir para evidenciar competencias como liderazgo, organización, comunicación y trabajo colaborativo.
5. Cursos y certificaciones
Las capacitaciones complementarias permiten mostrar iniciativa y actualización. La recomendación es priorizar aquellas vinculadas con el puesto, la especialidad o las habilidades que actualmente demanda el mercado.
Adaptar el CV a cada oportunidad
Otro aspecto señalado por la especialista es evitar el envío de un mismo currículum para todas las vacantes. La recomendación es personalizar el documento de acuerdo con los requisitos de cada puesto.
Esto implica identificar las competencias solicitadas por la empresa y destacar aquellas que el candidato efectivamente posee. De esta manera, un proyecto académico que podría parecer secundario puede adquirir relevancia si demuestra precisamente la capacidad requerida para el puesto.
Por ejemplo, una investigación universitaria puede evidenciar manejo de datos; un emprendimiento estudiantil puede demostrar capacidad de gestión; mientras que un voluntariado puede servir para acreditar organización, liderazgo o trabajo en equipo.
La formación como punto de partida
Los datos del INEI también muestran que el tránsito entre educación y empleo no es automático. Durante el primer trimestre de 2026, la tasa de desempleo alcanzó 7,6% entre quienes contaban con educación superior universitaria, frente al 5,1% registrado para el conjunto de la población.
A nivel regional, la OIT señala que persiste una brecha entre las competencias adquiridas durante la formación y las necesidades del mercado laboral. Su análisis más reciente también identifica a los jóvenes como uno de los grupos que continúa enfrentando mayores dificultades de inserción.
En ese contexto, el CV deja de ser únicamente un registro de empleos anteriores y puede convertirse en una herramienta para presentar competencias, conocimientos y experiencias acumuladas durante la etapa formativa.
Para los jóvenes que buscan su primera oportunidad, el desafío consiste entonces en transformar esas experiencias en resultados concretos y comunicar de manera clara qué saben hacer, qué han aprendido y cómo pueden aplicar esas capacidades en una organización.