Finanzas

Solo 5% de empresas peruanas tiene seguro ante desastres naturales

El 83% de empresas no financieras ya toma previsiones ante el Fenómeno El Niño, pero solo una fracción cuenta con protección financiera. Avla advierte riesgos para activos, liquidez y cadenas de suministro.

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La baja cobertura frente a desastres naturales mantiene expuestas a las empresas peruanas ante eventos como lluvias intensas, inundaciones y huaicos, con potencial impacto sobre activos, operaciones y flujo de caja.

La preparación de las empresas peruanas frente al Fenómeno El Niño (FEN) avanza principalmente por el lado operativo, pero mantiene una brecha en materia de protección financiera. Según estimaciones de Avla Perú, solo el 5% de las empresas del país cuenta actualmente con algún seguro contra desastres naturales.

El dato adquiere relevancia ante la exposición de sectores como agroindustria, manufactura, comercio, construcción, transporte y logística a lluvias intensas, inundaciones, huaicos y deslizamientos.

De acuerdo con una encuesta del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) a 345 empresas, el 83% de las compañías no financieras ya adopta algún tipo de previsión ante el Fenómeno El Niño. Entre las principales medidas figuran la implementación de rutas logísticas alternativas, mencionada por el 42% de las empresas; planes de continuidad operativa, por el 41%; y el refuerzo de instalaciones, por el 40%.

En este último caso, la proporción llega al 94% entre las empresas ubicadas en el norte del país, una zona con mayor exposición a eventos asociados al FEN.

Prevención operativa sin respaldo financiero

Para Avla Perú, uno de los principales desafíos está en que las empresas pueden adoptar medidas para reducir la exposición física y operativa, pero no necesariamente cuentan con mecanismos financieros que permitan absorber una pérdida significativa.

“El principal error de una empresa es pensar que los desastres naturales son hechos excepcionales y que no volverán a ocurrir”, señaló Walter Fernández, gerente general de Avla Perú.

El ejecutivo sostuvo que un evento climático puede interrumpir operaciones, destruir activos y afectar la cadena de suministro, por lo que la prevención debería formar parte de la estrategia financiera empresarial.

Desde esa perspectiva, el riesgo no se limita al costo de reparar una infraestructura dañada. Una interrupción de carreteras, el cierre temporal de una planta o la pérdida de inventarios también puede afectar la distribución, el abastecimiento, los proveedores, los clientes y el flujo de caja.

El costo de una interrupción

Los antecedentes del Niño Costero de 2017 muestran la dimensión que pueden alcanzar estos eventos para la actividad económica y el mercado asegurador.

Según la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP (SBS), ese episodio generó una reserva de siniestros de 16.587 casos, equivalente a aproximadamente US$660 millones, unos S/2.190 millones al tipo de cambio de aquella época.

El impacto se extendió a distintos sectores económicos y tuvo efectos tanto sobre las empresas como sobre el sistema financiero y asegurador.

Para una compañía, una interrupción prolongada puede traducirse en menores ingresos mientras continúan obligaciones como remuneraciones, alquileres, financiamiento, servicios y compromisos con proveedores.

Por ello, la cobertura de activos y mercaderías constituye solo una parte de la gestión financiera del riesgo. La planificación de la continuidad operativa y de las fuentes de abastecimiento también puede determinar la capacidad de una empresa para recuperar sus niveles de operación después de un evento adverso.

Un mercado de seguros con baja penetración

La brecha de protección frente a desastres naturales se produce en un mercado asegurador cuya penetración todavía es reducida frente a otros mercados.

De acuerdo con las cifras citadas por Avla Perú, la penetración de seguros en el país representa alrededor del 2% del PBI, frente al 3,3% registrado en América Latina y el 7,2% a nivel mundial.

La diferencia también se observa en infraestructura. Solo el 24,3% de las carreteras nacionales cuenta con cobertura, según cifras recientes del sector citadas por la compañía.

En este contexto, el nivel de aseguramiento frente a eventos naturales constituye una de las variables que pueden incidir en la capacidad de las empresas para trasladar parte de sus pérdidas potenciales hacia mecanismos de protección financiera.

Sectores y regiones más expuestos

La exposición al riesgo climático no es homogénea entre actividades ni territorios.

Entre los sectores identificados por Avla Perú como potencialmente más afectados están la agroindustria, manufactura, comercio, construcción, transporte y logística, debido a su dependencia de infraestructura, inventarios, vías de comunicación y cadenas de abastecimiento.

Por ubicación y exposición a lluvias intensas, inundaciones, huaicos y deslizamientos, la empresa señala a Piura, Tumbes, Lambayeque, La Libertad, Áncash y Lima, entre otras regiones, como zonas que requieren especial atención dentro de las estrategias de prevención.

A ello se suma la referencia a un análisis reciente de Marsh, según el cual la frecuencia del Fenómeno El Niño habría pasado de un evento cada 19 años, históricamente, a uno cada seis años en la actualidad.

La gestión del riesgo entra en la agenda financiera

Ante este escenario, Avla Perú recomienda que las empresas realicen una evaluación integral de sus riesgos e identifiquen los activos y procesos críticos para su operación.

La revisión debería considerar si las pólizas existentes cubren adecuadamente infraestructura, maquinaria, mercadería y otros bienes expuestos. A esto se suman medidas como planes de continuidad operativa, proveedores alternativos y rutas logísticas de contingencia.

“Una adecuada gestión de riesgos permite que las empresas no solo protejan su patrimonio, sino que tengan mayor capacidad para recuperarse y continuar operando después de un evento adverso”, agregó Fernández.

Para las empresas, la preparación ante el Fenómeno El Niño involucra así dos dimensiones complementarias: reducir la exposición mediante medidas operativas y contar con mecanismos financieros que permitan afrontar las pérdidas cuando un evento climático interrumpe la actividad.

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