Economía

Perú enfrenta el costo de su dependencia de combustibles importados

La menor oferta petrolera, la caída de inventarios y la tensión en el mercado de productos refinados elevan la exposición de los países importadores. En Perú, una producción de crudo inferior a 40 mil barriles diarios frente a una demanda de combustibles líquidos de unos 250 mil barriles diarios hace que el precio y la disponibilidad internacional tengan efectos sobre el diésel, el transporte, los costos empresariales y la inflación.

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El alza del petróleo y la menor disponibilidad de combustibles refinados elevan la exposición de Perú a los shocks del mercado energético internacional. Elaboración: Índice.pe

El mercado petrolero internacional enfrenta un escenario en el que el riesgo ya no está concentrado únicamente en cuánto puede subir el precio del crudo. La menor oferta, la reducción de inventarios y la tensión sobre las refinerías están aumentando la preocupación por la disponibilidad de combustibles, particularmente de productos como el diésel.

Ese es el eje de la advertencia de Bank of America (BofA) Global Research, que elevó su previsión para el Brent a US$95 por barril para el segundo semestre de 2026 y mantiene un promedio cercano a US$80 para 2027. En escenarios de mayor disrupción, el banco contempla precios de US$120 y, ante daños severos a infraestructura energética, niveles de US$150 o superiores.

Para una economía importadora neta de petróleo y derivados como Perú, el escenario tiene una doble dimensión: un aumento del precio internacional eleva el costo de abastecimiento, pero una eventual restricción física de productos puede añadir un problema de disponibilidad.

El riesgo que BofA identifica no es solo el precio

La preocupación del banco parte de un mercado que dispone de menos capacidad para absorber nuevas interrupciones de suministro.

La reducción de inventarios petroleros, las interrupciones de producción y la tensión en las rutas de transporte y en la capacidad de refinación reducen el margen de seguridad del mercado. En ese contexto, una nueva disrupción puede tener un efecto mayor que en un escenario en el que existen inventarios abundantes y capacidad ociosa suficiente.

El punto es especialmente relevante para los productos refinados. El precio que finalmente paga un consumidor no depende únicamente de la cotización del Brent. También intervienen el costo de refinación, fletes, seguros, almacenamiento, tipo de cambio, impuestos y márgenes de comercialización.

Por ello, una eventual escasez de diésel puede generar una presión distinta a la de un simple aumento del precio del crudo.

Perú produce menos de 40 mil barriles diarios

El mercado peruano parte de una posición de dependencia externa.

La producción nacional de petróleo promedió 39.085,7 barriles diarios en agosto de 2026, de acuerdo con PerúPetro. En paralelo, la demanda nacional de combustibles líquidos registrada por el sistema SCOP de Osinergmin alcanzó 250,14 mil barriles diarios equivalentes en agosto.

Esta última medición no incluye GLP ni otros derivados de hidrocarburos.

La comparación permite dimensionar la estructura del mercado: la producción doméstica de crudo equivale a alrededor de 15,6% de la demanda registrada de combustibles líquidos, aunque ambas cifras no representan magnitudes directamente equivalentes porque una corresponde a extracción de crudo y la otra a demanda de productos refinados.

El abastecimiento peruano requiere, por tanto, una combinación de producción de refinerías, inventarios e importaciones de petróleo y derivados.

Aquí el análisis de José Mantilla, profesional del sector petróleo y gas y expresidente del directorio de Perupetro, aporta una lectura específica del mercado local: el problema para Perú no se limita al precio internacional del crudo, sino que está relacionado con toda la cadena que permite convertir petróleo en combustibles disponibles para los consumidores.

El diésel es el principal punto de exposición

La composición de la demanda ayuda a explicar esa vulnerabilidad.

En agosto, el DB5 S-50 representó 64,78% de la demanda nacional de combustibles líquidos registrada por Osinergmin, con 162,03 mil barriles diarios equivalentes. Si se incorpora el Diesel B5, con 4,77 mil barriles diarios, ambos productos representaron cerca de dos tercios de la demanda registrada.

El gasohol representó 20,84%, mientras que el Turbo A1 explicó 8,44%.

La elevada participación del diésel hace que cualquier alteración en su precio o disponibilidad tenga efectos sobre actividades que utilizan transporte y maquinaria, desde la distribución de mercancías hasta la minería, construcción, pesca y otras actividades productivas.

Mantilla pone el foco precisamente en este punto. Su análisis plantea que el precio final de un galón de combustible no está determinado únicamente por el valor del crudo, sino por una cadena que incluye refinación, transporte, seguros, almacenamiento, tipo de cambio, impuestos y comercialización.

La consecuencia es que una interrupción internacional puede trasladarse al mercado peruano incluso si el precio del crudo no explica por sí solo toda la variación del combustible.

Las importaciones muestran el tamaño de la exposición

Las cifras de comercio exterior permiten observar esa dependencia desde otro ángulo.

Entre enero y abril de 2026, las importaciones peruanas de combustibles sumaron US$3.791 millones, 30,8% más que en el mismo periodo del año anterior, según información de Sunat recopilada por ComexPerú.

Dentro de ese monto, las compras de diésel B5 alcanzaron US$926 millones, con un aumento de 80,9%, mientras que las importaciones de diésel 2 llegaron a US$659 millones, 62,1% más. Las compras de petróleo crudo sumaron US$1.294 millones, con una disminución de 5,7%.

Esto significa que la exposición peruana no está vinculada únicamente al Brent.

El país también está expuesto a la evolución de los precios internacionales de los productos refinados, precisamente el segmento que adquiere mayor importancia en el escenario planteado por BofA.

El primer impacto llega al consumidor

La transmisión hacia los hogares ya se observa en las estadísticas de precios de 2026.

En agosto, el precio de los combustibles y lubricantes para vehículos en Lima Metropolitana aumentó 7,33% en el mes, acumuló un incremento de 33,79% entre enero y agosto y registró una variación de 29,10% en los últimos doce meses.

Dentro de este grupo, el INEI reportó un incremento mensual de 11,5% en el petróleo diésel y de 8,4% en el gasohol durante agosto, en un contexto de aumento del precio internacional del crudo.

El efecto puede extenderse posteriormente al transporte y a los costos logísticos.

La secuencia económica puede resumirse así:

petróleo internacional → combustibles → transporte → costos logísticos → bienes y servicios

La velocidad y magnitud del traslado dependen, entre otros factores, del tipo de cambio, los inventarios, los márgenes de comercialización, la estructura tributaria y la duración del shock.

La inflación es otro canal de transmisión

El Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) también ha identificado la relación entre el comportamiento del petróleo y los precios internos.

En abril, el BCRP señaló que el incremento de la inflación estuvo asociado principalmente a mayores tarifas de transporte local y combustibles en un contexto de mayor cotización internacional del petróleo.

En agosto, la inflación de Lima Metropolitana alcanzó 4,44% interanual, mientras que el INEI registró un incremento de los combustibles para vehículos.

Un nuevo episodio de petróleo caro tendría, por tanto, un punto de partida distinto al de años anteriores: los combustibles ya muestran una elevada sensibilidad a las condiciones internacionales.

El tipo de cambio puede añadir presión

El encarecimiento de las importaciones de petróleo y derivados también puede afectar el mercado cambiario.

Cuando aumenta el valor de las compras externas, los importadores necesitan más dólares para adquirir determinados volúmenes de productos. Si el shock es suficientemente grande y persistente, puede deteriorar la balanza comercial energética y aumentar la demanda de moneda extranjera.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) identifica este mecanismo entre los canales de transmisión de un shock petrolero hacia las economías importadoras.

En Perú, el efecto del tipo de cambio sobre los precios tampoco es automático ni proporcional. Un documento de trabajo del BCRP publicado en 2026 encuentra un traspaso del tipo de cambio a la inflación que varía en el tiempo y se ubica entre 0,1 y 0,3 durante un horizonte de 12 meses, con posibilidad de ser mayor en episodios de incertidumbre y volatilidad.

El escenario que el FMI modeló para Perú

La advertencia de BofA puede contrastarse con un ejercicio específico realizado por el FMI para la economía peruana.

En su evaluación de 2026, el organismo plantea un escenario en el que los precios del petróleo aproximadamente se duplican respecto de la hipótesis de referencia. Bajo ese supuesto, el crecimiento de Perú se reduciría entre 1 y 1,5 puntos porcentuales en 2026 y 2027, mientras que la inflación podría aumentar hasta 1,5 puntos porcentuales.

El FMI también señala que los elevados precios de los metales de exportación podrían compensar parcialmente el impacto sobre la economía peruana.

Este escenario no constituye una proyección de que el Brent vaya a alcanzar US$150. Se trata de un ejercicio de sensibilidad que permite dimensionar los efectos potenciales de un shock energético considerable.

BofA pone el foco en el riesgo de abastecimiento

El escenario cambia si el mercado internacional pasa de enfrentar simplemente precios elevados a enfrentar restricciones físicas de oferta.

Esta es una de las principales diferencias entre ambos escenarios.

Si existe suficiente producto disponible, un país importador puede enfrentar principalmente una factura energética más elevada. Pero si las refinerías reducen operaciones, los inventarios caen y las rutas de suministro enfrentan interrupciones, el problema puede incorporar también la disponibilidad del combustible.

Bank of America advierte precisamente sobre esta posibilidad: menores inventarios reducen el colchón disponible para absorber una nueva interrupción.

Para Perú, la diferencia es relevante porque el país necesita complementar su producción doméstica con petróleo y derivados importados.

El cuello de botella está en toda la cadena

El análisis de Mantilla permite aterrizar esta advertencia global a la estructura del mercado peruano.

Según el especialista, la crisis energética debe analizarse a lo largo de toda la cadena: producción, refinación, transporte, almacenamiento y distribución. Desde esta perspectiva, incluso una mayor producción local no eliminaría por sí sola la exposición internacional si persisten restricciones en la capacidad de refinación, infraestructura o almacenamiento.

Mantilla también plantea que el precio final del combustible debe entenderse como el resultado de varios componentes: crudo internacional, refinación, fletes, seguros, almacenamiento, tipo de cambio, impuestos y márgenes de comercialización.

Su análisis resulta relevante para el escenario planteado por BofA porque una eventual tensión internacional en productos refinados puede afectar a Perú incluso cuando la variación del Brent no explique por sí sola el aumento del precio final.

La vulnerabilidad también está dentro del país

El especialista identifica además una segunda dimensión de la seguridad energética peruana: la infraestructura doméstica.

Su análisis toma como referencia la interrupción registrada en marzo en el sistema de transporte de gas natural de Camisea para advertir que la seguridad del abastecimiento no depende exclusivamente de la disponibilidad de recursos en el subsuelo, sino también de la capacidad de transportar y distribuir energía.

En ese sentido, Mantilla plantea que Perú enfrenta una exposición simultánea: por un lado, depende del mercado internacional para una parte importante de sus combustibles líquidos; por otro, necesita infraestructura capaz de mantener el suministro interno ante interrupciones.

La advertencia adquiere relevancia en un escenario como el descrito por BofA, en el que una nueva disrupción internacional tendría lugar con inventarios más reducidos.

Refinación y almacenamiento adquieren mayor importancia

Mantilla plantea entre las medidas para reducir esa vulnerabilidad el fortalecimiento de la capacidad de refinación y la mejora de la infraestructura de almacenamiento y respuesta ante emergencias.

El planteamiento no significa que una mayor capacidad de refinación vuelva independiente a Perú del mercado internacional. El país seguiría necesitando petróleo y otros insumos, pero una mayor capacidad doméstica puede modificar la composición de la dependencia entre importar crudo e importar productos terminados.

En el contexto descrito por BofA, el punto adquiere importancia porque la tensión no está únicamente en la extracción del petróleo, sino también en la capacidad mundial de transformar ese crudo en combustibles y trasladarlos hacia los mercados consumidores.

Más producción nacional es una de las propuestas sobre la mesa

Mantilla también plantea reactivar la exploración y producción de hidrocarburos en Perú y actualizar el marco regulatorio del sector.

Entre sus propuestas figuran una actualización de la Ley Orgánica de Hidrocarburos, mejores condiciones contractuales y fiscales, reducción de plazos para la contratación y permisos, y extensión de contratos hasta el límite económico de producción.

Estas son propuestas planteadas por Mantilla y no forman parte de las recomendaciones de BofA para Perú.

Su argumento es que una mayor producción doméstica permitiría reducir parcialmente la exposición del país a las condiciones internacionales. El punto de partida, sin embargo, sigue siendo una producción inferior a 40 mil barriles diarios frente a una demanda de combustibles líquidos superior a 250 mil barriles diarios equivalentes.

El gas natural aparece como otra alternativa

Otra de las líneas planteadas por Mantilla es acelerar la masificación del gas natural y ampliar su utilización en el transporte pesado, particularmente mediante GNV y GNL, como una vía para reducir la dependencia del diésel.

El potencial de esta alternativa depende de la disponibilidad de gas, infraestructura de transporte y distribución, así como de que los precios permitan su adopción por parte de los usuarios.

Su propuesta también incluye una mayor diversificación de la producción de gas y el fortalecimiento de la institucionalidad de Perupetro.

Nuevamente, se trata de propuestas del especialista frente a la estructura actual del mercado peruano, no de una recomendación formulada por BofA.

Perú tiene amortiguadores, pero mantiene una exposición externa

La economía peruana dispone de algunos mecanismos que pueden amortiguar parcialmente un shock externo.

El FMI destaca las reservas internacionales, el bajo nivel de deuda pública, el acceso a los mercados internacionales de capital y el régimen de metas de inflación.

Además, Perú es un importante exportador de minerales. Un escenario de tensión energética puede coincidir con precios elevados de los metales, lo que permitiría compensar parcialmente el deterioro provocado por una mayor factura petrolera.

Estos elementos, sin embargo, no eliminan la exposición estructural del mercado peruano a los precios y disponibilidad internacional de combustibles.

El riesgo para Perú no se mide solo en el Brent

La principal advertencia de BofA para una economía como la peruana no está únicamente en cuánto puede subir el precio del petróleo.

Está también en qué tan disponible estará el combustible cuando el mercado enfrente una nueva interrupción.

Con una producción petrolera inferior a 40 mil barriles diarios, una demanda de combustibles líquidos superior a 250 mil barriles diarios equivalentes y US$3.791 millones en importaciones de combustibles solamente entre enero y abril, Perú está directamente conectado con la evolución del mercado internacional.

El análisis de Mantilla aporta la dimensión local de esa exposición: producción, refinación, almacenamiento, infraestructura, transporte y diversificación energética forman parte de la seguridad del abastecimiento.

Por ello, frente al escenario planteado por BofA, los indicadores que deberán seguirse no serán solamente el Brent y el WTI. También serán relevantes el precio del diésel, los márgenes de refinación, los inventarios internacionales, las importaciones de combustibles, el tipo de cambio y su traslado hacia la inflación.

En una economía que produce menos de 40 mil barriles diarios de petróleo y demanda más de 250 mil barriles diarios equivalentes de combustibles líquidos, el mercado internacional continúa siendo una variable determinante para el costo y la disponibilidad de la energía que mueve al país.

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