La recuperación fiscal que hereda el nuevo Gobierno tiene bases frágiles: el riesgo detrás del buen momento tributario
El déficit fiscal ya se ubica por debajo de la meta oficial y la recaudación tributaria registra uno de sus mejores desempeños de los últimos años. Sin embargo, el propio Ministerio de Economía y Finanzas reconoce que esta mejora responde principalmente al alto precio internacional del cobre y del oro, al aumento extraordinario del Impuesto a la Renta minero y a factores coyunturales. El principal desafío del nuevo ministro de Economía, Elmer Cuba, será transformar este alivio temporal en una consolidación fiscal basada en un crecimiento permanente de la productividad, la inversión y la base tributaria.
Elmer Cuba recibe una caja fiscal más fuerte, pero sostenida por un boom minero que el Perú no controla.
De acuerdo con el Boletín Electrónico Actualidad Tributaria N.° 13, elaborado por CooperAcción, el Perú inicia el nuevo gobierno con una fotografía fiscal que, a primera vista, resulta alentadora. El déficit fiscal acumulado descendió hasta 1,6% del Producto Bruto Interno (PBI), por debajo de la meta oficial de 1,8%, mientras que la recaudación tributaria del Gobierno Central registró uno de sus mejores desempeños de los últimos años: solo en junio creció 27,2% en términos reales y, en el primer semestre de 2026, acumuló un incremento de 13,1% respecto del mismo período del año anterior.
Sin embargo, CooperAcción advierte que este aparente fortalecimiento de las cuentas fiscales descansa principalmente sobre factores externos y coyunturales, más que sobre cambios estructurales de la economía peruana, un escenario que representa el primer gran desafío para el nuevo ministro de Economía y Finanzas, Elmer Cuba.
El propio Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) reconoce que la mejora fiscal responde, en buena medida, al elevado precio internacional del cobre y del oro, al incremento extraordinario de los pagos del Impuesto a la Renta y a otros factores de naturaleza transitoria, por lo que la sostenibilidad de las finanzas públicas dependerá de ampliar la base tributaria y elevar la eficiencia del gasto público.
Para el nuevo ministro de Economía y Finanzas, Elmer Cuba, el verdadero desafío no consistirá en administrar un déficit fiscal contenido, sino en evitar que este equilibrio dependa nuevamente del comportamiento de los mercados internacionales de materias primas. La consolidación fiscal que demandará el nuevo quinquenio exigirá mucho más que esperar otro ciclo favorable del cobre.
Un déficit menor… gracias a factores que el Perú no controla
La reducción del déficit fiscal constituye, sin duda, una buena noticia para cualquier administración entrante. Sin embargo, el propio documento oficial advierte que esta mejora estuvo impulsada por circunstancias que escapan al control de la política económica nacional.
Entre ellas destacan los elevados precios internacionales del cobre y del oro, mayores pagos a cuenta del Impuesto a la Renta, una intensificación de las acciones de fiscalización de la SUNAT e incluso mayores transferencias extraordinarias provenientes de entidades públicas. A ello se suma un elemento que también ayudó a reducir el déficit: una menor ejecución del gasto de capital por parte del Gobierno Nacional.
La combinación de mayores ingresos coyunturales con una inversión pública que no ejecuta plenamente sus recursos puede mejorar temporalmente los indicadores fiscales, pero difícilmente constituye una estrategia sostenible de crecimiento económico.
La minería vuelve a convertirse en el gran soporte tributario
Los números del primer semestre muestran hasta qué punto la recuperación fiscal depende nuevamente del sector minero.
El pago del Impuesto a la Renta de tercera categoría, incluida la regularización minera, aumentó 112% respecto al mismo periodo del año pasado. Además, la minería concentró 34,9% de toda la recaudación empresarial del Impuesto a la Renta y explicó 20,1% de todos los tributos recaudados por el Estado.
La lectura macroeconómica es evidente: cuando el precio del cobre sube, también mejora la posición fiscal del Perú.
Pero esa fortaleza es también una vulnerabilidad. La dependencia creciente de un solo sector económico convierte a las finanzas públicas en rehenes del ciclo internacional de los commodities.
El aporte minero casi se duplicó, pero el riesgo sigue siendo el mismo
Durante el primer semestre, el aporte neto del sector minero ascendió a S/ 19.322 millones, prácticamente el doble del registrado un año antes.
Sin embargo, la historia económica peruana demuestra que estos ciclos son temporales. Cuando los precios internacionales retroceden, la recaudación también lo hace, reduciendo el espacio fiscal disponible para financiar infraestructura, salud, educación o programas sociales.
La consolidación fiscal que deberá impulsar el MEF pasa precisamente por reducir esa dependencia.
La renta empresarial explica el salto de la recaudación
Otro elemento relevante, de acuerdo con CooperAcción, es que el crecimiento tributario proviene principalmente de las empresas y no de una ampliación significativa de la base tributaria.
El Impuesto a la Renta empresarial registró el mayor incremento del sistema tributario durante el semestre, impulsado por utilidades extraordinarias asociadas principalmente al sector exportador de minerales.
Esta situación plantea una interrogante de política económica: ¿qué ocurrirá cuando desaparezca el actual ciclo de altos precios internacionales?
Si la respuesta es una caída automática de la recaudación, entonces el problema estructural continuará intacto.
El verdadero reto: construir una recaudación menos dependiente del ciclo internacional
Quizá el mensaje más importante del boletín de CooperAcción es también el menos visible.
El propio Ministerio de Economía reconoce que la sostenibilidad de la trayectoria fiscal dependerá de ampliar la base tributaria y mejorar la eficiencia del gasto público.
Ese reconocimiento constituye, en la práctica, un diagnóstico sobre las tareas pendientes del nuevo Gobierno.
Para Elmer Cuba, la discusión ya no debería centrarse únicamente en mantener el déficit dentro de la regla fiscal, sino en transformar la estructura misma de los ingresos públicos.
Eso implica enfrentar problemas históricamente postergados: la elevada informalidad, la reducida presión tributaria, la escasa diversificación productiva, la limitada productividad empresarial y una administración tributaria que todavía encuentra enormes espacios de evasión y elusión.
Mientras esas reformas no avancen, cada recuperación fiscal seguirá dependiendo más de Shanghái que de Lima; más del precio del cobre que de la capacidad del Estado para generar crecimiento económico sostenible.
La economía peruana comienza un nuevo ciclo político con una fotografía fiscal favorable. Pero la verdadera prueba no será conservar los buenos indicadores heredados, sino demostrar que el país puede sostenerlos cuando el viento internacional deje de soplar a favor.