Perú apenas recibe el 6% de la inversión extranjera directa en América Latina
Mientras la economía peruana acumula un crecimiento de 3,2% entre enero y mayo de 2026 y mantiene perspectivas favorables para el resto del año, el último informe de la CEPAL revela que el país apenas concentra el 6% de la inversión extranjera directa que llega a América Latina. La paradoja es evidente: el crecimiento económico no está siendo acompañado por un flujo de capitales acorde con las necesidades de una economía de ingresos medios que busca cerrar brechas de productividad, infraestructura e innovación.
La economía mantiene un crecimiento impulsado por la demanda interna, pero el país sigue rezagado en la competencia por atraer capitales internacionales.
El Perú atraviesa un momento de relativa solidez macroeconómica. A pesar del impacto de las anomalías climáticas sobre la pesca y la agricultura, la actividad económica continúa expandiéndose gracias al dinamismo del consumo privado, el comercio, la manufactura no primaria y la inversión. Entre enero y mayo de 2026, el Producto Bruto Interno (PBI) acumuló un crecimiento interanual de 3,2%, mientras que para todo el año BBVA Research mantiene una proyección de expansión de 3,1%.
Sin embargo, ese desempeño contrasta con la capacidad del país para atraer inversión extranjera directa (IED), uno de los principales motores del crecimiento de largo plazo. El más reciente informe “La Inversión Extranjera Directa en América Latina y el Caribe 2026”, elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), muestra que el Perú recibió US$12.521 millones en 2025, equivalentes a apenas el 6% del total regional.
El dato adquiere mayor relevancia cuando se analiza en perspectiva. Si bien el país se ubica entre los cinco principales receptores de inversión de América Latina y registró un crecimiento respecto del año anterior, continúa muy lejos de Brasil, que concentra cerca del 40% de toda la inversión regional, y de México, que absorbe alrededor del 22%.
Una economía que crece más de lo que atrae
El contraste entre ambas cifras revela una de las principales interrogantes para la política económica peruana.
Mientras diversos indicadores muestran una economía que mantiene capacidad de recuperación, los inversionistas internacionales aún no responden con la intensidad que cabría esperar de un país con abundantes recursos minerales, estabilidad macroeconómica y una extensa red de tratados comerciales.
Incluso el menor crecimiento registrado en mayo —apenas 1,8% frente al 3,7% de abril— obedeció principalmente a factores climáticos extraordinarios que golpearon a la pesca y a parte de la actividad agrícola. En contraste, los sectores vinculados a la demanda interna continuaron mostrando fortaleza. El comercio creció 6,9%; la manufactura no primaria alcanzó su mayor expansión del año con 5,4%, mientras la construcción mantuvo un comportamiento positivo.
Es decir, el problema del Perú no parece ser la ausencia de crecimiento económico en el corto plazo.
La interrogante es por qué ese crecimiento todavía no se traduce en una mayor participación dentro del mercado latinoamericano de inversiones.
El desafío ya no es solo crecer
La CEPAL plantea que el contexto internacional ha cambiado profundamente.
Las empresas multinacionales ya no buscan únicamente estabilidad macroeconómica o abundancia de recursos naturales. La nueva competencia se concentra en atraer inversiones vinculadas a innovación, digitalización, inteligencia artificial, centros de datos, manufacturas avanzadas y cadenas globales de valor.
En este escenario, el Perú enfrenta un reto adicional.
Si bien mantiene ventajas comparativas en minería y recursos estratégicos como el cobre, todavía muestra limitaciones para captar proyectos intensivos en tecnología y conocimiento, precisamente aquellos que generan mayores encadenamientos productivos y elevan la productividad de largo plazo.
El crecimiento necesita más inversión
El propio análisis de BBVA Research muestra que los fundamentos internos permanecen relativamente sólidos.
La confianza empresarial y del consumidor mejoró tras las elecciones presidenciales, el consumo privado continúa expandiéndose, la inversión mantiene señales positivas y el elevado precio internacional de los metales favorece las perspectivas económicas, aunque persisten riesgos asociados al fenómeno de El Niño.
Paradójicamente, ese entorno favorable coincide con un escenario internacional mucho más competitivo para captar inversiones.
La CEPAL advierte que los anuncios de nuevos proyectos de inversión en América Latina disminuyeron 34,3% durante 2025, reflejando que el capital global se ha vuelto más selectivo frente a la incertidumbre geopolítica y la reorganización del comercio internacional.
Esto implica que cada proyecto será disputado con mayor intensidad entre los países de la región.
Una tarea pendiente para la nueva etapa económica
Más allá de las cifras de crecimiento del PBI, el informe de la CEPAL deja una advertencia de fondo.
El desarrollo económico ya no depende únicamente de expandir la actividad productiva, sino de convertir la inversión extranjera en un mecanismo de transferencia tecnológica, innovación, desarrollo de proveedores locales y generación de empleo de mayor productividad. Para ello recomienda fortalecer las políticas de desarrollo productivo, innovación, capital humano y acompañamiento a los inversionistas ya instalados.
En ese contexto, que el Perú capte solo el 6% de la inversión extranjera directa regional no constituye un fracaso, pero sí una señal de que el crecimiento reciente todavía no ha logrado transformar al país en uno de los destinos más competitivos para el capital internacional.
La economía peruana muestra resiliencia frente a choques climáticos y mantiene una expansión superior a la prevista para varias economías de la región. Sin embargo, si ese dinamismo no viene acompañado por una mayor capacidad para atraer inversiones de alto valor agregado, el crecimiento podría seguir descansando principalmente en factores coyunturales y en la fortaleza de la demanda interna, en lugar de convertirse en el punto de partida para acelerar la productividad y cerrar las brechas que aún separan al Perú de las economías más desarrolladas de América Latina.