El crecimiento del mercado laboral peruano está generando un desafío que trasciende las cifras de empleo: las empresas deben encontrar nuevas formas de atraer, desarrollar y retener talento en un entorno donde los profesionales tienen expectativas cada vez más exigentes.
Según el último reporte citado del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), la población ocupada en el país aumentó 7,5%, equivalente a la incorporación de 413.000 personas al mercado laboral. Este dinamismo plantea una nueva ecuación para las organizaciones: sostener sus objetivos de crecimiento mientras construyen condiciones capaces de responder a las demandas de sus colaboradores.
En este escenario, la función del CEO empieza a adquirir una dimensión distinta. Ya no se trata únicamente de establecer metas financieras, definir estrategias comerciales o supervisar indicadores de desempeño. La alta dirección también tiene un papel determinante en la construcción de una cultura organizacional que permita alcanzar los resultados esperados.
Del resultado financiero a la sostenibilidad del negocio
La transformación del liderazgo corporativo tiene una implicancia económica directa. Una organización puede contar con una estrategia de crecimiento, recursos financieros y objetivos comerciales claros, pero su capacidad para ejecutarlos depende también de las personas que integran el negocio.
Giancarlo Ameghino, gerente de Gestión y Desarrollo Humano del Grupo Crosland, sostiene que el liderazgo empresarial actual no debería plantear una disyuntiva entre exigencia y cercanía. El desafío, explica, consiste en elevar los estándares de desempeño mientras se generan las condiciones necesarias para que los trabajadores puedan desarrollarse y alcanzar esos resultados.
La idea supone un cambio relevante en la gestión empresarial. La cultura y el clima laboral dejan de ser asuntos circunscritos al área de Recursos Humanos para convertirse en variables vinculadas con la estrategia del negocio.
Para las empresas, esto significa que decisiones como la flexibilidad laboral, la capacitación, la comunicación interna o el desarrollo de los mandos medios no deberían evaluarse únicamente como políticas de personal, sino también como herramientas para fortalecer el desempeño y la sostenibilidad de la organización.
Flexibilidad, pero con objetivos claros
Uno de los cambios que enfrentan las compañías está relacionado con la flexibilidad. Los profesionales valoran cada vez más alternativas que permitan compatibilizar sus responsabilidades laborales y personales. Sin embargo, una política de flexibilidad no necesariamente implica reducir las exigencias de productividad.
El planteamiento, precisa Grupo Crosland, apunta a establecer dinámicas de trabajo acompañadas de objetivos claros, confianza y responsabilidad.
Desde una perspectiva empresarial, el reto consiste entonces en pasar de una gestión basada en la supervisión permanente hacia otra sustentada en resultados. El CEO tiene un papel central en ese cambio porque debe establecer las condiciones y la cultura que permitan que esa autonomía funcione.
El talento como fuente de innovación
Otro componente de esta nueva agenda es la participación de los trabajadores en las decisiones de la organización. La creación de espacios de co-creación permite que profesionales de distintas áreas aporten ideas y propongan mejoras para el negocio.
La importancia económica de este enfoque está en que el conocimiento de una empresa no se concentra exclusivamente en su alta dirección. Los trabajadores que interactúan diariamente con clientes, proveedores, procesos y sistemas pueden identificar oportunidades de eficiencia o nuevos negocios.
Por ello, convertir al colaborador en participante activo de la evolución de la compañía puede contribuir tanto al compromiso como a la capacidad de innovación.
El eslabón crítico: los mandos medios
La transformación del rol del CEO tampoco puede limitarse a la máxima autoridad de la organización. Los jefes y coordinadores tienen contacto cotidiano con los equipos y, por tanto, son quienes terminan materializando buena parte de la cultura empresarial.
El fortalecimiento de sus habilidades de comunicación resulta clave para transmitir objetivos, gestionar expectativas y mantener una relación cercana con los colaboradores.
En otras palabras, una estrategia corporativa puede fracasar si existe una brecha entre lo que plantea la alta dirección y lo que experimentan diariamente los trabajadores.
Capacitación para competir
El desarrollo continuo de capacidades constituye el cuarto componente de esta nueva agenda empresarial. Capacitar a los profesionales no solo permite actualizar conocimientos, sino que puede ampliar las posibilidades de movilidad interna y preparar a los trabajadores para asumir nuevas responsabilidades.
En un mercado laboral dinámico, esta dimensión adquiere especial relevancia. Las empresas necesitan adaptar sus capacidades internas con la misma velocidad con la que cambian sus mercados y modelos de negocio.
La consecuencia es que la inversión en personas empieza a estar estrechamente vinculada con la capacidad de adaptación empresarial.
Una nueva métrica para la alta dirección
El desafío para los CEO peruanos consiste, finalmente, en integrar dos agendas que durante años fueron gestionadas de manera separada: el desempeño económico y la gestión de las personas.
Grupo Crosland plantea que alinear las metas del negocio con el desarrollo de los trabajadores puede fortalecer la confianza, el compromiso y la capacidad de adaptación de las compañías.
Para la alta dirección, esto supone ampliar la mirada sobre lo que significa gestionar una empresa. El resultado financiero continúa siendo fundamental, pero la capacidad de construir equipos, desarrollar talento y generar confianza puede convertirse en una condición necesaria para sostener ese resultado en el tiempo.
En un mercado laboral peruano que incorpora nuevos trabajadores y enfrenta expectativas cambiantes, el CEO deja de ser únicamente quien fija el rumbo financiero de la compañía. Su desafío es también construir la organización capaz de ejecutar ese rumbo.
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