La joyería peruana continúa sin recuperar el terreno perdido en el comercio exterior. Después de registrar una contracción de 47,4% en 2025, las exportaciones del sector acumularon una caída de 60,7% entre enero y agosto de 2026, hasta alcanzar US$ 34,1 millones, según el informe Joyería: Evolución del Mercado Internacional y Nacional, publicado en octubre por el Centro de Investigación de Economía y Negocios Globales (CIEN) de la Asociación de Exportadores (ADEX).
El retroceso prolonga la tendencia observada desde 2025, cuando la aplicación de aranceles adicionales por parte de Estados Unidos afectó los despachos hacia el principal destino de la producción peruana. Sin embargo, la evolución de las ventas también pone en evidencia un problema anterior a las nuevas barreras comerciales: la elevada dependencia de un solo mercado y las dificultades para consolidar una oferta exportable con mayor diferenciación y valor agregado.
La magnitud de la contracción resulta especialmente relevante si se considera que, en 2024, las exportaciones peruanas de joyería alcanzaron un máximo de US$ 192 millones, de acuerdo con la serie histórica del CIEN-ADEX. Un año después, los envíos se redujeron a US$ 101 millones, mientras que el acumulado a agosto de 2026 quedó muy por debajo del resultado registrado en el mismo periodo de 2025.

La caída no se limita, por tanto, a una variación puntual de las ventas. Se trata de una actividad que debe recomponer sus condiciones de acceso a los mercados internacionales y, al mismo tiempo, revisar su capacidad para competir más allá de la cotización de los metales preciosos.
Estados Unidos concentra el impacto
El mercado estadounidense continúa siendo el principal factor detrás del deterioro de las exportaciones. En 2025, Perú colocó joyería por US$ 79,6 millones en ese destino, una reducción de 56,2% respecto del año anterior. Aun después de esa caída, Estados Unidos concentró el 78,8% del valor exportado por el sector.

Entre enero y agosto de 2026, los envíos hacia ese mercado sumaron US$ 18,2 millones, con una disminución de 75,2% frente al mismo periodo de 2025, según el informe del CIEN-ADEX. La joyería de oro registró el mayor retroceso dentro de los productos analizados, con una caída de 76,4%.
El deterioro se produjo en un contexto de mayores gravámenes a las importaciones estadounidenses. El reporte del CIEN-ADEX señala que las joyas peruanas pasaron de enfrentar una tasa arancelaria de 10% a una de 12,5% desde el 24 de julio de 2026, bajo las medidas adoptadas en el marco de una investigación sobre trabajo forzoso que involucra a diversas economías.
La sobretasa se suma al arancel ordinario aplicable según la clasificación del producto. En una actividad en la que el valor declarado depende en gran medida del precio del oro, un gravamen calculado sobre el valor de importación puede elevar el costo de ingreso y reducir la competitividad frente a otros proveedores.
El mercado estadounidense, además, registró importaciones de joyería por US$ 12.000 millones en 2025. Entre sus principales proveedores figuraron India, con US$ 2.200 millones; Italia, con US$ 1.900 millones; y Francia, con US$ 1.700 millones. Perú representó apenas el 0,7% de las importaciones estadounidenses de esa categoría, según el reporte.

La competencia no se limita a los principales exportadores mundiales. En 2025, Estados Unidos incrementó sus compras de joyería procedente de México hasta US$ 482 millones, un crecimiento interanual de 88,2%, mientras que las importaciones desde Panamá aumentaron 205,6%, hasta US$ 5,9 millones. Estas variaciones muestran que otros proveedores registraron avances en el mismo mercado en el que retrocedieron los envíos peruanos.
México gana participación, pero no compensa la caída
La diversificación de destinos aparece como una de las principales alternativas para reducir la exposición comercial del sector. México se ha consolidado como el segundo mercado de la joyería peruana y registró un crecimiento importante en 2025 y durante los primeros ocho meses de 2026.
Según el CIEN-ADEX, las exportaciones hacia México alcanzaron US$ 14,8 millones en 2025, un aumento de 215% frente al año anterior. En el periodo enero-agosto de 2026, los despachos sumaron US$ 13 millones, con un incremento de 37,5%, de acuerdo con las cifras difundidas por ADEX.
El crecimiento mexicano confirma que existe demanda fuera de Estados Unidos. No obstante, su avance todavía no compensa la pérdida del principal mercado: mientras México incrementa sus compras, las ventas estadounidenses continúan cayendo y el total exportado permanece muy por debajo de los niveles de 2024.
La diferencia también revela el desafío de convertir los avances en mercados alternativos en una estrategia comercial de largo plazo. Ampliar destinos exige identificar compradores, adaptar diseños y colecciones, cumplir con los requisitos de cada mercado y establecer relaciones comerciales que permitan sostener los pedidos más allá de oportunidades puntuales.

España y Chile figuran entre los destinos de la joyería peruana, mientras que el informe de ADEX también registra variaciones positivas en mercados como Ecuador. Sin embargo, el comportamiento heterogéneo de los compradores muestra que diversificar no consiste únicamente en aumentar el número de países atendidos, sino en desarrollar una cartera de mercados capaz de sostener las ventas cuando uno de ellos impone mayores barreras.

El problema estructural del valor agregado
La dependencia de Estados Unidos no es la única vulnerabilidad que enfrenta la industria. En noviembre de 2025, un análisis publicado por Índice.pe ya advertía que el arancel estadounidense podía provocar una caída superior a 40% en las exportaciones de joyería, pese a que el precio internacional del oro se mantenía en niveles elevados.
En ese artículo, Edgar Vásquez, director del CIEN-ADEX, explicó que, en una joya de oro, alrededor del 96% de su valor estaba vinculado al precio del metal y solo el 4% correspondía al valor agregado. La proporción expone una limitación para competir mediante diseño, manufactura y diferenciación cuando el precio del insumo principal tiene un peso tan alto en el valor final del producto.

El nuevo informe del CIEN-ADEX añade otro dato relevante: Perú produjo 209 toneladas de oro en 2025 y se ubicó entre los principales productores mundiales. Sin embargo, el expresidente de ADEX Julio Pérez Alván señaló en 2023 que solo el 1,96% del volumen de oro extraído en el país se transformaba en joyas.
Ambas cifras apuntan a una brecha entre la disponibilidad de materia prima y su transformación en productos manufacturados destinados al mercado internacional. La producción minera, por sí sola, no garantiza que el país capture una mayor proporción del valor generado en la cadena de la joyería.
La incorporación de diseño propio, tecnología, acabados especializados y marcas capaces de diferenciarse puede ampliar el valor que las empresas capturan por cada pieza exportada. También abre la posibilidad de aprovechar recursos como el ópalo andino y otras piedras preciosas peruanas, una de las alternativas planteadas por ADEX para distinguir la oferta nacional.
Sin embargo, avanzar hacia esa estrategia requiere inversión, acceso a financiamiento, abastecimiento regular de materias primas y capacidades productivas que permitan atender pedidos con estándares internacionales. La formalización y la articulación entre empresas, proveedores, diseñadores y artesanos también forman parte de los desafíos mencionados por el gremio exportador.
El precio del oro no ha evitado el desplome
La evolución de los precios internacionales añade otra dimensión al problema. El oro cerró 2025 en US$ 3.431,5 por onza troy, un incremento de 43,8% frente al año anterior. La cotización continuó aumentando y llegó a US$ 3.995,44 por onza troy al 23 de octubre de 2026, según las referencias recogidas por el CIEN-ADEX.
Pese a ese contexto, el valor de las exportaciones peruanas de joyería se redujo de manera significativa. La evolución demuestra que una cotización elevada del metal no se traduce automáticamente en mayores ingresos por exportaciones cuando los compradores reducen sus pedidos o cuando los costos de acceso al mercado afectan la competitividad del producto.
El efecto del precio del oro también debe interpretarse con cuidado. Cuando el metal representa la mayor parte del valor de una joya, una cotización más alta puede elevar el valor nominal de cada pieza, pero también incrementa la base sobre la que se calculan los gravámenes de importación. El resultado comercial depende, además, de los volúmenes vendidos, los márgenes y la capacidad de trasladar los costos al comprador.
En 2025, el mercado mundial de joyería alcanzó US$ 101.400 millones, una contracción de 12,8% respecto del año anterior. Suiza, India e Italia encabezaron las exportaciones mundiales, mientras que Hong Kong, Estados Unidos y Suiza fueron los principales compradores.
En ese escenario, Perú ocupó el puesto 42 entre los exportadores mundiales de joyería y el quinto lugar en América Latina y el Caribe, detrás de México, República Dominicana, Bolivia y Panamá. La posición muestra que el país todavía tiene una participación limitada frente a los principales actores internacionales.
La recuperación exige más que nuevos mercados
ADEX ha planteado la necesidad de ampliar los destinos comerciales, facilitar el financiamiento para las empresas y fortalecer la articulación con el Estado para mitigar los efectos de las barreras comerciales. También considera prioritario mejorar el acceso a materias primas, incorporar tecnología, formalizar la actividad y aprovechar los acuerdos comerciales vigentes.
“Debemos ampliar nuestra presencia en otros países y reducir la concentración comercial. México ha ganado participación y se ha convertido en un comprador importante para las empresas del rubro (…) También resulta crucial apostar por diseños propios y artículos con mayor valor agregado, aprovechando recursos nacionales como el ópalo andino y otras piedras preciosas peruanas para diferenciar nuestros productos en el exterior”, apuntó Rocío Mantilla Goyzueta, presidenta del Comité de Joyería y Orfebrería del gremio.
En paralelo, el gremio organizará el VIII Congreso Internacional de Joyería y Orfebrería los días 26 y 27 de noviembre de 2026 en el hotel Hilton de Miraflores. El encuentro reunirá a empresarios, exportadores, diseñadores, artesanos, proveedores, representantes del sector público, académicos y compradores nacionales e internacionales.
El programa contempla conferencias, talleres técnicos, paneles y espacios de networking sobre diseño, tecnología, sostenibilidad, cultura exportadora y posicionamiento de marca, con el objetivo de promover oportunidades comerciales y mejorar la competitividad del sector.

La evolución de las exportaciones durante los próximos meses permitirá evaluar si el crecimiento de México y otros destinos logra moderar la contracción. Sin embargo, la recuperación sostenida dependerá también de la capacidad de las empresas para reducir su exposición a un solo mercado y capturar una mayor proporción del valor generado en cada producto.
Después de la caída registrada en 2025 y del nuevo retroceso acumulado en 2026, el reto de la joyería peruana no consiste únicamente en recuperar los pedidos perdidos en Estados Unidos. También pasa por transformar una oferta concentrada en el valor del metal en una industria con mayor diferenciación, capacidad manufacturera y presencia comercial internacional.
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