Por Jaime E. Luyo Kuong
Observando la experiencia internacional reciente, la crisis energética desatada tras el corte del suministro del gas ruso por el sabotaje del Nord Stream 1 y el conflicto militar de Rusia-Ucrania del 2022; produjo una severa crisis económica en Europa, con el aumento drástico de los precios del gas y la electricidad disparando una inflación de casi dos dígitos y reduciendo la competitividad de las empresas, obligando a una rápida reestructuración energética, forzando una aceleración en la transición hacia energías renovables para reducir la dependencia de los combustibles fósiles importados principalmente el gas natural licuado de los EE.UU..
En nuestro país, recientemente el domingo 01 de marzo, la transportadora de Gas del Perú (TG) comunicó que los sistemas de transporte de gas natural y de líquidos se suspende temporalmente por situación de emergencia (fuga y llamarada) en una estación del tramo ubicado en el Cuzco, que a la fecha continúa en reparación; lo que está causando la escasez del GN para la generación eléctrica que se está reflejando en los costos marginales de electricidad que han superando los US$ 200/MWh afectando a los clientes del mercado libre, también a los consumidores de GNV y de GLP formándose largas colas en los grifos de expendio.
En publicaciones previas, hemos advertido a los responsables del sector, sobre la situación de la Seguridad Energética; tanto por la alta concentración de producción termoeléctrica a GN en Lima (casi el 50% del total nacional), como por el agotamiento de las reservas del lote 88 de Camisea para el mercado nacional (hay solo para 10 años, si no crece la demanda), y la alta dependencia de este energético.
A continuación explicamos el impacto de pasar a exportadores de GN a importadores, debido al actual descuido del MINEM de no tener un Plan de Desarrollo Energético a mediano y largo plazo, para así prever escenarios futuros como el que estamos experimentando y, también evitar la improvisación de iniciativas y proyectos fallidos; y la omisión de promulgación de las normas y reglamentos pendientes.
En el escenario actual vemos que, la composición de la matriz energética en el país, se ha ido transformando desde la llegada del gas natural (GN) de Camisea a Lima en agosto del 2004, que según el último Balance Nacional de Energía, el 57% de la oferta de energía primaria corresponde al GN y líquidos y, en la matriz eléctrica más del 44% en GN.
Es decir, en poco más de dos décadas el consumo energético del país se vuelto muy dependiente de GN y, de sus líquidos como el GLP que ya estamos importando desde hace una década.
Los pronósticos más conservadores publicados por Osinergmin, dicen que las reservas desarrolladas en Camisea para el mercado interno se agotarán en 10 años, a lo que precisamos que sería en menos de una década, suponiendo que no hay crecimiento de la demanda. Esto está corroborado por el reciente informe del Instituto Asia Pacific Energy Research Centre que pronostica en sus dos escenarios, de tendencia histórica y de política objetivo, que la importación de GN después del 2030 irá en aumento hasta el año de proyección 2060, llegando al 45% y 55% del total del suministro de energía primaria nacional.
El impacto de la escasez de GN en la economía del país, se transmitirá a la velocidad de la electricidad; es decir en el precio de la electricidad, dado que éste se está determinando en el mercado spot operado por el COES, que según la teoría marginalista la última planta de generación que se despacha determina el precio de la electricidad del mercado, que normalmente son las termoeléctricas a GN.
Si queremos tener una estimación de cuánto sería el shock eléctrico; considerando que, el precio del GN en boca de pozo en Camisea está regulado (subsidio implícito) desde el 2004 y es mucho menor que el marcador internacional Henry Hub, y se ha ido reajustando de US$1.0/MMBTU y actualmente es US$ 2.11/MMBTU. Además, el costo de transporte del GN es aproximadamente US$ 1.23/MMBTU y, lo más importante el GN representa el 80% de los costos operativos de una central termoeléctrica.
Tomando como referencia la situación en Chile que importa gas natural licuado (GNL), el precio spot promedio del GNL que llega a los puertos chilenos es en torno de US$ 10.00/MMBTU y la regasificación de US$ 2.00/MMBTU; entonces, si comparamos con el de boca de pozo en Camisea, resulta más de cinco veces más caro.
De esta conclusión, se desprenden las interrogantes: ¿por qué el precio de la electricidad en Chile no es mayor que en Perú en esta proporción?; a nivel residencial, en las estadísticas de hace años, ¿por qué el precio de la electricidad en Chile ha venido siendo más barato o similar que en Perú?.
A nivel Industrial, según la publicación del 2024 de la Asociación de Clientes Eléctricos No regulados (ACENOR) de Chile, respecto a los clientes eléctricos de gran consumo, se reclama que “Chile tiene costos promedio totales de suministro eléctrico 70% más altos que en el Perú” y que esto está afectando a la competitividad de sus empresas.
Esto corrobora nuestra afirmación de que, los mayores beneficiarios del precio regulado del Gas de Camisea han sido los grandes consumidores, Clientes Libres (y las termoeléctricas); mientras que los pequeños consumidores del mercado regulado han venido soportando un aumento monótono en el precio de la electricidad, como consecuencia de las licitaciones introducidas por la ley N°28832, y que la ley N°32249 trata de corregir, introduciendo una mayor competencia por el mercado y con neutralidad tecnológica.
Sin embargo el MINEM todavía no cumple con publicar el Reglamento correspondiente, así como para la Generación Distribuida y el Mercado de Servicios Complementarios que además contribuye a resolver el problema de las zonas aisladas como la de la ciudad de Iquitos. La respuesta a la primera interrogante: he demostrado en anteriores publicaciones que, esto se debería principalmente al ejercicio de poder de mercado del oligopolio en la generación eléctrica, entre otros.
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