Entrevista a Elizabeth Gómez, Jefa de Proyectos Estratégicos de la Universidad del Pacífico.
Según el INEI, las personas de 60 años a más representan actualmente el 14,3% de la población peruana, frente al 6,4% registrado en 1940. ¿Qué tan significativa es esta transformación demográfica para la economía peruana y qué efectos ya empieza a generar?
Es uno de los cambios estructurales más profundos que atraviesa el país y, al mismo tiempo, uno de los menos conversados. El 14,3% era la proyección del INEI para 2025. Sin embargo, cuando llegaron los resultados del Censo 2025, la cifra real fue de 14,8%, algo más de 5 millones de peruanos, frente al 11,7% registrado en 2017. El envejecimiento está avanzando incluso más rápido de lo que proyectábamos. Si retrocedemos a 1940, cuando este grupo representaba el 6,4% de la población, vemos que su peso se ha más que duplicado en ocho décadas.
En el mismo periodo censal, los menores de 15 años cayeron de 26,5% a 22,7%, y el índice de envejecimiento pasó de 44 a 65 adultos mayores por cada 100 menores de 15 años, el nivel más alto que ha registrado el país.
Desde el proyecto, vemos tres efectos que ya están ocurriendo. En los hogares, cerca de tres de cada diez están encabezados por una persona de 60 años a más. En el consumo, el estudio de la Generación Plateada que hicimos con Ipsos y BID Lab, mostró que una de cada cuatro personas en el Perú tiene 50 años a más y ese grupo genera el 58% de los ingresos de los hogares. Son los decisores económicos de la casa. Y en el empleo: más de la mitad de los adultos mayores sigue económicamente activa.
Lo que todavía no cambia es la mirada ya que seguimos diseñando productos, servicios y políticas como si el Perú siguiera siendo un país joven, y ya no lo es.
¿En qué momento el envejecimiento poblacional deja de ser solamente un fenómeno demográfico y se convierte en un factor determinante para las decisiones económicas y empresariales?
La transición ocurre cuando un grupo etario deja de ser una línea del censo y pasa a ser quien decide la compra, sostiene el ingreso del hogar y lidera el negocio familiar. En el Perú eso ya sucedió: 24% de la población concentra el 58% de los ingresos de los hogares y el 54% de las jefaturas de hogar.
Hay un segundo disparador, más incómodo: la velocidad. En la Guía de emprendimiento sénior que publicamos con BID Lab, el propio BID lo plantea con crudeza afirmando que América Latina y el Caribe es la región del mundo que más rápido está envejeciendo. Pasar de 10% a 20% de población mayor de 60 años nos tomará menos de 30 años, cuando a Europa y Estados Unidos les tomó más de 60. Ellos tuvieron dos generaciones para adaptar sus economías y sus sistemas de protección; nosotros tenemos una.
En el caso peruano, el INEI estima que el bono demográfico se agota hacia 2045 y que desde 2040 habrá más adultos mayores que menores de 15 años. La población de 60 años a más se duplicaría entre 2025 y 2050 (de 5 a 9,5 millones), mientras que la población en edad de trabajar apenas pasaría de 21 a 23 millones.
Cuando una empresa entiende eso, deja de preguntarse si debe atender a este segmento y empieza a preguntarse cuánto mercado está perdiendo por no hacerlo. Nosotros lo planteamos así en cada mesa de trabajo con el sector privado: no es una decisión de responsabilidad social, es una decisión de negocio.
¿Cómo podría cambiar el mercado laboral peruano a medida que aumente la proporción de personas mayores de 60 años? ¿Qué oportunidades y barreras existen para una mayor participación de este grupo?
El mercado laboral ya está en un proceso de cambio. En los últimos 50 años, la esperanza de vida en el Perú creció más de 20 años, entre 1970 y 2020, pasó de 53 a 74 años en los hombres y de 56 a 80 años en las mujeres. Esto abre la posibilidad de que las personas permanezcan activas durante más tiempo y, con ello, nos obliga a repensar un mercado laboral que tradicionalmente ha estado diseñado bajo la idea de que, a cierta edad, empieza la salida del mundo del trabajo.

Según la Encuesta Permanente de Empleo Nacional del INEI, al cuarto trimestre de 2025 el 52,6% de las personas de 60 años a más participaba en el mercado laboral: 62,4% de los hombres y 43,2% de las mujeres. No estamos frente a una población que se retiró; está trabajando.
El problema es cómo está trabajando, el 78,3% de los adultos mayores ocupados tiene empleo informal, sin protección social ni beneficios laborales, y entre las mujeres la cifra sube a 81,3%. Buena parte lo hace por necesidad: la pobreza en este grupo llegó a 22,1% en 2024 y a 34% en el ámbito rural. Y conviene decirlo sin rodeos: cuando el mercado formal expulsa a los mayores de 50, el trabajo independiente informal se convierte en la única salida. El Perú tiene una de las tasas de informalidad laboral más altas de América Latina, alrededor de 75% según la OIT.
Las oportunidades son reales y ya se están viendo. Adecco reportó un aumento de 27% en la contratación de talento senior en 2024, y el BID señala que más de uno de cada cuatro trabajadores de la región tiene 50 años o más.
La principal barrera la vemos todos los días en el proyecto: el edadismo. El obstáculo más frecuente para incluir talento senior es el estereotipo de que no se adapta a la tecnología, y los estudios muestran que ese supuesto es infundado. A eso se suman el acceso limitado a capacitación y la falta de esquemas de reinserción y de jornadas flexibles.
Ya es hora de que entendamos que las canas son experiencia, conocimiento, y están llenas de energía.
¿Cómo deberían prepararse las empresas para una fuerza laboral en la que convivirán cada vez más generaciones? ¿Qué implicancias tendrá esto para la gestión del talento y la productividad?
Hoy conviven hasta cuatro generaciones en una misma planilla y la mayoría de áreas de Recursos Humanos sigue diseñando políticas pensando en una sola. Yo plantearía tres frentes concretos.
- Revisar los sesgos del proceso de selección. Los filtros de edad rara vez son explícitos, pero están principalmente las exigencias de “años máximos de experiencia”, pruebas diseñadas para nativos digitales, descripciones de puesto que hablan de equipos jóvenes. Expulsan talento valioso sin que nadie lo haya decidido de manera consciente.
- Invertir en formación continua sin techo de edad. La capacitación se concentra en los tramos jóvenes, y eso convierte la brecha de habilidades en una profecía autocumplida: no capacito al senior porque asumo que no aprende, y luego confirmo mi prejuicio.
- Diseñar la convivencia intergeneracional como activo. La mentoría en ambos sentidos puede ser muy valiosa, ya que permite conectar a personas de distintas generaciones, compartir experiencias y ampliar perspectivas. En los emprendimientos que acompañamos, generar estos espacios de intercambio entre jóvenes y personas con mayor trayectoria puede enriquecer las ideas, fortalecer los proyectos y generar resultados muy positivos.
En productividad, el efecto es doble, se retiene conocimiento crítico que hoy se pierde en cada salida y se reduce el costo de rotación y de curva de aprendizaje.
Una nueva generación de consumidores y emprendedores
Cuando hablamos de economía plateada, ¿de qué mercado estamos hablando y qué tan desarrollado está actualmente en el Perú?
La economía plateada es el conjunto de toda actividad económica que atiende las demandas y necesidades de las personas de 50 años a más, tanto en su rol de consumidores como de trabajadores, emprendedores e inversionistas. Insisto siempre en esa doble condición, porque cuando solo se les mira como beneficiarios, el enfoque se vuelve asistencial y se pierde la oportunidad económica.
En tamaño, el estudio que hicimos con Equifax identificó más de 9,9 millones de peruanos de 50 años a más, un grupo que crece a 3,61% anual frente a 1,57% del total de la población. A nivel regional, el BID proyecta que la economía plateada generará más de 2 millones de empleos nuevos en América Latina en la próxima década.
Y hay un dato que suele sorprender: el Estudio de Economía Plateada de la consultora Equilibrium encontró que el 22,1% de las personas de 50 años a más tiene un negocio propio como único o principal trabajo, y un 11,4% adicional tiene un emprendimiento además de su trabajo principal. Es decir, un tercio de este grupo ya está emprendiendo. No hay que crear al emprendedor senior: ya existe. Lo que falta es formalizarlo, financiarlo y hacerlo crecer.
¿Qué tan desarrollado está en el Perú?
Estamos en una fase temprana pero con tracción real. Hay ecosistemas: programas de formación como Emprende 50+, los Premios +50 Emprende Perú, redes de mentores, estudios de mercado, retos de innovación abierta con empresas y con el Estado. Lo que todavía falta es oferta. El propio diagnóstico del BID señala que este segmento no recibe la atención adecuada por parte de las empresas.
Tenemos un mercado maduro con una oferta inmadura. Esa brecha es exactamente la oportunidad.
¿Cómo podrían cambiar los patrones de consumo a medida que crezca la población adulta mayor y qué necesidades tendrán mayor demanda?
Nuestro estudio de economía plateada mostró un patrón distinto al del resto de grupos etarios: las personas de 50 años a más destinan cerca del 40% de sus ingresos a alimentación (frente a 28% de los jóvenes) y un 11% a servicios públicos, mientras que el gasto en ocio es la mitad que el de los jóvenes. Es un consumo orientado a lo esencial, la salud y el hogar.
Eso va a cambiar por dos vías. Por composición: dentro de la generación plateada, el grupo que más crece es la Generación X, con mayor poder adquisitivo, más digitalizada y con expectativas distintas a las de sus padres. Y por longevidad: más años de vida activa significan más demanda de bienestar, prevención, formación, viajes y entretenimiento adaptado.
Las categorías que veo creciendo más rápido son alimentación funcional y nutrición, salud preventiva y telemedicina, vivienda y adaptación del hogar, cuidados y acompañamiento, turismo senior, educación continua y servicios financieros diseñados para esta etapa de la vida.
Y un dato que rompe el prejuicio: el 33% de la generación plateada ya compra por internet, sobre todo en restaurantes, farmacia y alimentos. No es un público analógico.
¿Qué sectores de la economía presentan mayor potencial para desarrollar productos y servicios dirigidos a este segmento, más allá de salud y cuidados?
Hay oportunidades en sectores muy distintos y no necesariamente en aquellos que tradicionalmente asociamos con las personas mayores como:
- Servicios financieros. Es donde la brecha entre demanda y oferta es más grande.
- Alimentación y gastronomía. Es el rubro donde más gasta el segmento y también donde más emprende. Va desde producción de alimentos hasta modelos de bajo costo de entrada, como las dark kitchens, que aprovechan experiencia culinaria y disponibilidad de tiempo.
- Turismo y entretenimiento. Un público con flexibilidad horaria es la respuesta natural a la estacionalidad del turismo peruano: viajes fuera de temporada, circuitos de menor intensidad física, espacios recreativos y sociales adaptados.
- Educación, formación y mentoría. Hay doble mercado: formación para mayores de 50, sobre todo en habilidades digitales y reconversión laboral, y formación dictada por ellos, aprovechando décadas de trayectoria.
- Y el transversal: los emprendimientos intergeneracionales, donde la experiencia del senior se combina con la capacidad digital del joven. Los hemos visto en soluciones agrícolas con drones y en servicios financieros digitales.
En general, lo que encontramos es que los emprendimientos sénior no se concentran en un solo tipo de negocio. Algunos desarrollan soluciones para su propia generación, en temas como bienestar, empleabilidad o entretenimiento. Otros emprenden en sectores tradicionales como gastronomía, comercio, servicios y producción de alimentos, donde aprovechan algo que ya tienen a su favor, experiencia, redes de contacto y conocimiento del mercado.
El desafío financiero de una población que vive más
¿Qué implicancias tendrá el envejecimiento poblacional para el sistema financiero, particularmente para el ahorro, las inversiones, los seguros y las pensiones?
El principal reto está en las pensiones y en cómo garantizar ingresos durante una etapa de vida que será cada vez más larga. Alrededor de siete de cada diez personas de 60 años a más están fuera del sistema previsional, y solo cerca del 43% de los trabajadores aporta a algún sistema. En el ámbito rural, esta cifra llega apenas al 14,6%. Con una informalidad laboral que supera el 70%, una gran parte de la población llegará a la vejez sin una pensión contributiva. Y si la población de 60 años a más se duplica hacia 2050, la presión sobre el gasto público no contributivo será cada vez mayor. Y esto no se resuelve solo con reforma previsional, se resuelve formalizando el empleo.
Pero el cambio demográfico también abre una oportunidad para ampliar la oferta de productos financieros. Un estudio de Equifax mostró que el 82% de las personas de 50 años a más paga sus deudas a tiempo y que 256 mil son representantes legales de una empresa formal. Estamos hablando de un segmento con un comportamiento financiero que demuestra capacidad de pago y, sin embargo, el acceso al crédito continúa siendo limitado y la edad todavía puede convertirse en una barrera.
Ahí hay una oportunidad clara para que la banca, las cajas, las cooperativas y las fintech desarrollen productos pensados para esta etapa, como crédito para emprendedores sénior, seguros y alternativas de ahorro previsional. Hoy muchos emprendedores sénior siguen financiando sus negocios con ahorros propios o préstamos familiares, pese a tener un buen comportamiento de pago. Esto muestra que el sistema financiero tiene delante a un segmento que todavía no está siendo atendido en todo su potencial.
¿Qué oportunidades de negocio e inversión podrían surgir en el Perú a partir del crecimiento de la economía plateada durante los próximos 10 o 20 años?
Lo pensaría en tres grandes oportunidades, que se conectan entre sí: consumo, emprendimiento e infraestructura.
En consumo, el BID estima que el gasto anual de las personas mayores a nivel global bordea los 15 billones de dólares. En el Perú, este segmento concentra el 58% de los ingresos de los hogares, pero la mayoría de las campañas todavía se dirige a consumidores menores de 40 años. Ahí existe una clara oportunidad para replantear productos, servicios y comunicación.
En emprendimiento senior, un estudio de Ipsos para Emprende UP encontró que, de los 4,9 millones de personas entre 50 y 70 años del Perú urbano, el 14% ya tiene un negocio propio y, del 86% que no lo tiene, el 41% quiere iniciar uno. El Global Entrepreneurship Monitor destaca, además, fortalezas como la experiencia, capacidad de gestión y redes. El desafío está en facilitarles financiamiento y acceso a redes para que ese talento se traduzca en negocios sostenibles.
Y hay una tercera oportunidad en la infraestructura que acompañará esta realidad: cuidados de largo plazo, vivienda adaptada, movilidad y tecnología asistiva son sectores todavía incipientes en el Perú y con un amplio espacio para inversión.
En conjunto, hablamos de una economía que ofrece oportunidades tanto en quienes consumen como en quienes emprenden y en los servicios que necesitaremos desarrollar. Ese es el espacio que empresas e inversionistas deberían empezar a mirar desde ahora.
¿Qué papel tendrá la tecnología en esta transformación? ¿Qué soluciones podrían desarrollarse en ámbitos como salud digital, servicios financieros, comercio electrónico, movilidad o educación?
La tecnología es el gran acelerador, siempre que se diseñe con el usuario y no sobre el usuario. Veo cuatro ámbitos concretos.
Salud digital. Telemedicina para personas con limitaciones de movilidad o sin seguro, monitoreo remoto de enfermedades crónicas, adherencia al tratamiento, detección temprana. Es probablemente el sector con mayor demanda insatisfecha.
Servicios financieros. Procesos de afiliación simplificados, autenticación accesible, alertas antifraude y modelos de evaluación crediticia que no penalicen la edad.
Comercio electrónico. Un tercio de este segmento ya compra en línea, pero la experiencia rara vez está diseñada para él: letra pequeña, flujos de pago largos, atención al cliente solo por chatbot.
Movilidad y educación. Transporte a demanda, plataformas de formación con ritmo adaptado, contenidos de reconversión laboral.
Además cabe resaltar que se cree que las personas de 50 años o más son reacias a la tecnología, y los datos muestran lo contrario. Entre 2019 y 2025, el acceso a internet en hogares cuyo responsable tiene 51 años o más subió de 67,7% a 92,7%, según la encuesta ERESTEL de OSIPTEL. No es un público reacio a la tecnología. Es un público al que casi nadie le ha diseñado nada.
¿Cómo pueden las empresas evitar que la brecha digital se convierta en una barrera para la participación económica de las personas mayores?
Lo primero es entender bien cuál es la brecha. En el Perú la barrera principal ya no es de disponibilidad de herramientas, sino de habilidades. Las personas mayores de 50 usan la tecnología para comunicarse, pero les resulta complicado aplicarla a las ventas digitales, al marketing o a la gestión del negocio. Con ese diagnóstico, hay tres cosas que las empresas pueden hacer.
- Diseño accesible por defecto: contraste, tamaño de letra, flujos cortos, lenguaje sin jerga, canal humano disponible. No es una función especial para mayores; es un buen diseño.
- Acompañamiento, no solo herramientas. Capacitación práctica, aplicada al negocio real de la persona. En nuestros programas, ese acompañamiento sostenido es lo que marca la diferencia entre alguien que abandona y alguien que consolida su emprendimiento.
- Intergeneracionalidad. Buena parte de la digitalización de los hogares peruanos ocurrió porque los hijos y nietos les enseñaron a sus padres. Las empresas pueden replicar esa lógica dentro de sus equipos y con sus clientes.
El Perú envejece: ¿están preparadas las políticas públicas?
¿Está el Perú preparado, desde sus políticas públicas y su infraestructura de servicios, para enfrentar las consecuencias económicas del envejecimiento poblacional?
Con honestidad: hay marco normativo, pero no hay preparación suficiente.
En el lado positivo, el país cuenta con la Política Nacional Multisectorial para las Personas Adultas Mayores al 2030, aprobada por Decreto Supremo 006-2021-MIMP, que hace algo poco común y muy valioso: define como problema público la discriminación estructural por motivos de edad. Es un buen punto de partida conceptual.

En el lado crítico, los indicadores que importan siguen en rojo. Informalidad de 78% entre los adultos mayores ocupados. Siete de cada diez sin pensión. Pobreza de 22,1%, que llega a 34% en zonas rurales. Un sistema de cuidados de largo plazo que prácticamente no existe como servicio formal, cuando ese tipo de infraestructura toma años en implementarse. Y una relación de dependencia que pasará de aproximadamente cuatro personas en edad productiva por cada adulto mayor hoy, a cerca de dos en 2050.
Tenemos política, tenemos diagnóstico y tenemos alrededor de dos décadas. Lo que falta es ejecución y presupuesto. Desde el proyecto estamos trabajando justamente en detectar los dolores más importantes del segmento plateado para traducirlos en propuestas normativas que las autoridades puedan debatir.
¿Qué políticas deberían priorizarse para aprovechar la economía plateada como una oportunidad de desarrollo, al mismo tiempo que se atienden las nuevas necesidades de la población mayor?
Cinco, en orden de urgencia.
- Formalización y cobertura previsional. Es la política madre. Sin reducir la informalidad no hay pensiones sostenibles, y sin pensiones el envejecimiento se convierte en un problema fiscal en lugar de una oportunidad económica.
- Combatir el edadismo con instrumentos concretos. La política nacional ya nombra el problema; falta traducirlo en incentivos a la contratación de talento senior, en la eliminación de filtros de edad y en fiscalización efectiva.
- Inclusión financiera con enfoque etario. Normas que impidan que la edad sea una barrera automática para el crédito o los seguros, y productos diseñados para el emprendedor senior.
- Formación continua y reconversión laboral desde los 45 años, con foco en habilidades digitales aplicadas al negocio.
- Un sistema nacional de cuidados. Es a la vez una necesidad social y un sector económico con enorme potencial de empleo formal, sobre todo femenino.
Y una condición que atraviesa a todas es la articulación real entre Estado, sector privado y academia. Ninguno de los tres puede hacerlo solo ese es, de hecho, el modelo de trabajo del Ecosistema Plateado: trabajamos con gobierno, empresas, startups, inversionistas y universidades, porque la clave de la evolución de este ecosistema es el trabajo articulado.
Además, en los grupos focales que hicimos con emprendedores senior de distintas regiones y con expertos, para elaborar la Guía de emprendimiento sénior en el Perú, el sentimiento compartido fue que los poderes públicos no ven a los séniors como una oportunidad, sino como un obstáculo. De ahí surgió una propuesta, el Perú necesita un gran pacto nacional de apoyo al emprendimiento sénior como ley o un conjunto de políticas, que elimine obstáculos y ayude específicamente a estos emprendedores a salir de la informalidad.
Mirando hacia 2040 o 2050, ¿cómo podría cambiar la estructura de la economía peruana si continúa aumentando la proporción de personas mayores de 60 años?
Hay dos escenarios, y la diferencia entre ellos se decide en la próxima década.
- El escenario inercial. Hacia 2050, uno de cada cuatro peruanos tendrá 60 años o más; ese grupo pasaría de 5 a 9,5 millones de personas, mientras la población en edad de trabajar apenas crecería de 21 a 23 millones. Desde 2040 habrá más adultos mayores que menores de 15 años, si llegamos ahí con 70% de informalidad, el resultado es previsible: más presión fiscal, un sistema de pensiones que cubre solo a una minoría, gasto en salud creciente y menor crecimiento potencial.
- El escenario de longevidad productiva. La misma demografía, pero con más personas trabajando formalmente después de los 60, con emprendimiento senior financiado, con sectores nuevos, generando empleo formal, y con el consumo del segmento 50+ como motor de demanda interna.
Si tuviera que identificar tres prioridades para que el Perú convierta el envejecimiento poblacional en una oportunidad económica, ¿cuáles serían?
Primera: formalizar el empleo y ampliar la cobertura previsional. Es la base de todo. Sin eso, cada año que nos hacemos mayores suma pasivo fiscal en lugar de activo económico.
Segunda: derribar el edadismo, en las empresas y en el sistema financiero y; por supuesto, en la sociedad en general. El talento y la capacidad de pago de este segmento están comprobados: 82% paga sus deudas a tiempo y una porción creciente de los nuevos emprendimientos es liderada por personas de 50 años a más. Lo que falla es la percepción. Mientras la edad siga operando como filtro implícito en una entrevista de trabajo o en una solicitud de crédito, vamos a estar desperdiciando el recurso más abundante que tendremos.
Tercera: tratar la economía plateada como mercado estratégico y no como política social. Diseñar productos, servicios y modelos de negocio para y con las personas de 50 años a más. Ahí están los dos millones de empleos que el BID proyecta para la región en la próxima década.
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