La seguridad energética de un país no depende únicamente de cuánto gas natural existe en su subsuelo, sino de su capacidad para transformar esos recursos en producción y llevarla al mercado de manera confiable, competitiva y sostenible.
El Perú posee un importante potencial gasífero. Según el Ministerio de Energía y Minas (MINEM), los recursos prospectivos de gas natural superan los 43 TCF. Sin embargo, disponer de ese potencial geológico no significa que todo ese gas pueda abastecer inmediatamente a una central eléctrica, una industria o un hogar.
Entre el subsuelo y el consumidor existe una cadena de actividades, inversiones y decisiones que deben desarrollarse de manera coordinada.
Y es precisamente allí donde comienza la discusión sobre seguridad energética.
Tener recursos y reservas no significa tener gas disponible
El primer aspecto es distinguir entre recursos y reservas.
Los recursos representan volúmenes identificados o estimados que todavía pueden requerir exploración, evaluación o condiciones comerciales adecuadas para su desarrollo. Las reservas, en cambio, corresponden a volúmenes descubiertos cuya recuperación comercial es viable bajo determinadas condiciones técnicas y económicas.
“Pero incluso disponer de reservas no garantiza necesariamente su disponibilidad para el mercado interno”.
En Camisea, por ejemplo, el Lote 88 ha estado principalmente asociado al abastecimiento nacional, mientras que los Lotes 56 y 57 han estado vinculados al esquema de exportación de gas natural licuado (GNL).
Por ello, las reservas totales del país no equivalen necesariamente a las reservas disponibles, en un determinado momento, para atender la demanda nacional.
Desde la perspectiva de seguridad energética, no basta con conocer cuántos TCF existen. También necesitamos entender qué volúmenes están comercialmente disponibles, cuándo pueden producirse y qué infraestructura permitirá llevarlos al consumidor.
De las reservas a la capacidad de producción
Los campos de gas tampoco mantienen indefinidamente su capacidad productiva.
Conforme avanza su explotación, la presión del reservorio disminuye y pueden aparecer otros desafíos operativos, como producción de agua, restricciones en las facilidades o necesidad de intervenir pozos existentes.
En ese contexto, sostener la producción requiere evaluar nuevas inversiones: perforación de pozos, intervenciones, ampliación de facilidades o instalación de sistemas de compresión.
En los campos maduros, mantener la capacidad de producción depende cada vez más de decisiones de inversión.
Sin embargo, que un proyecto sea técnicamente viable no significa necesariamente que sea económicamente conveniente.
¿Cuánto cuesta? ¿Cuánto gas adicional permitirá recuperar? ¿Existe demanda para esos volúmenes? ¿Cuándo estarán disponibles? ¿Existe suficiente tiempo para recuperar la inversión dentro de la vida económica del campo o del contrato de licencia?
El tiempo también importa. Recuperar un determinado volumen dentro de cinco años no necesariamente tiene el mismo valor económico que hacerlo dentro de quince.
Por ello, la gestión de reservas y la evaluación económica de proyectos están estrechamente relacionadas. No se trata únicamente de cuánto gas puede recuperarse, sino también de cuánto valor puede generar y en qué momento.
Producir gas tampoco es suficiente: hay que poder transportarlo
Otro componente fundamental para la seguridad energética peruana es la infraestructura de transporte.
El gas de Camisea llega a los principales centros de consumo mediante el sistema operado por TGP, cuya capacidad para el mercado interno se incrementó progresivamente de aproximadamente 205 MMPCD en 2004 a 920 MMPCD desde 2016, mediante ampliaciones que incluyeron plantas de compresión y ductos paralelos en determinados tramos, conocidos como loops.
Sin embargo, estas expansiones no equivalen a disponer de un segundo corredor troncal completamente independiente. El abastecimiento desde Camisea hacia los principales mercados continúa dependiendo esencialmente del mismo sistema de transporte.
Esta distinción es importante: la seguridad energética no depende solamente de contar con reservas y capacidad de producción, sino también de la resiliencia de la infraestructura que conecta la oferta con la demanda.
La emergencia ocurrida en el sistema de TGP el 1 de marzo de 2026 permitió comprobarlo. Una restricción en el transporte obligó a implementar mecanismos de racionamiento, afectando el abastecimiento de distintos consumidores y requiriendo temporalmente el uso de combustibles alternativos para parte de la generación eléctrica.
El episodio puso en evidencia que disponer de gas en el reservorio no garantiza su entrega cuando existe una restricción en la infraestructura de transporte.
¿Y quién consumirá el nuevo gas?
Hasta aquí podríamos concluir que el desafío consiste en explorar más, desarrollar nuevos campos e invertir en infraestructura.
Pero existe otra variable igualmente importante: la demanda.
Los proyectos de hidrocarburos requieren inversiones significativas y largos periodos de recuperación. Para desarrollar un campo, el inversionista necesita suficiente visibilidad sobre el mercado que absorberá su producción futura.
Si la demanda crece lentamente, también pueden reducirse los incentivos para acelerar nuevas inversiones en exploración y desarrollo.
Aquí aparece una aparente paradoja:
Sin demanda, puede resultar difícil justificar nueva oferta e infraestructura; pero sin oferta e infraestructura, difícilmente aparecerá nueva demanda.
El Lote 58 constituye un ejemplo interesante de esta relación.
El descubrimiento de gas en Urubamba se produjo en 2009. Posteriormente se incorporaron otros descubrimientos y la declaración comercial del lote se realizó en noviembre de 2016.
Sin embargo, muchos años después, el proyecto todavía se encuentra desarrollando las condiciones necesarias para iniciar su producción comercial.
Según la última actualización del Plan Inicial de Desarrollo reportada por Perupetro, la Fecha de Inicio de Extracción Comercial (FIEC) se estima para el 30 de noviembre de 2026.
De cumplirse este cronograma, habrán transcurrido aproximadamente 17 años desde el descubrimiento de Urubamba.
La evolución del proyecto también demuestra la importancia de la infraestructura en su viabilidad económica. El esquema actualizado contempla aprovechar instalaciones existentes, mediante una nueva línea de recolección de aproximadamente 7.9 km desde Urubamba A hacia la Planta Malvinas, donde se procesará la producción inicial.
Este planteamiento permite aprovechar infraestructura compartida en lugar de desarrollar completamente un sistema independiente de procesamiento.
El caso muestra que descubrir un recurso es solamente el comienzo. Para transformarlo en suministro comercial es necesario alinear las condiciones de desarrollo, la infraestructura, las inversiones y el mercado.
Entonces, ¿qué viene primero: la oferta o la demanda?
Probablemente no exista una respuesta única.
La exploración debe anticiparse a las necesidades futuras porque pueden transcurrir muchos años desde un descubrimiento hasta su producción comercial. Sin embargo, desarrollar un campo requiere señales de mercado que justifiquen la inversión.
De igual manera, una nueva industria, central eléctrica o proyecto petroquímico difícilmente comprometerá inversiones significativas si no cuenta con suficiente certidumbre sobre su abastecimiento energético.
Por ello, más que establecer qué debe desarrollarse primero, el verdadero desafío consiste en coordinar oferta, infraestructura y demanda con suficiente anticipación.
En este proceso, el Estado tiene un papel importante como articulador de una visión energética de largo plazo, capaz de integrar las proyecciones de demanda, las necesidades de infraestructura y las condiciones que permitan movilizar nuevas inversiones. Considerando que los proyectos energéticos pueden extenderse durante décadas, la continuidad de una planificación sustentada en criterios técnicos y económicos resulta especialmente relevante.
En definitiva, existe una relación de interdependencia: la disponibilidad de gas e infraestructura facilita el desarrollo de nuevos mercados, mientras que una demanda creciente genera las condiciones para justificar nuevas inversiones en exploración, producción y transporte.
Una mirada más amplia de la seguridad energética
El gas natural mantiene un papel importante en el sistema eléctrico peruano.
Durante 2024, la producción nacional de electricidad alcanzó aproximadamente 63,565 GWh, de los cuales las unidades térmicas que utilizaron exclusivamente gas natural generaron alrededor de 24,443 GWh, cerca del 38% del total.
Esta participación permite dimensionar cómo las decisiones de inversión tomadas hoy en exploración, perforación, compresión, procesamiento o transporte pueden tener implicancias sobre la disponibilidad y el costo de la electricidad muchos años después.
Por ello, quizá resulte insuficiente evaluar nuestra seguridad energética preguntándonos únicamente cuántos TCF de gas tiene el Perú.
Necesitamos observar conjuntamente los recursos y reservas disponibles, la capacidad efectiva de producción, el destino comercial de esos volúmenes, la infraestructura de procesamiento y transporte, y las perspectivas de crecimiento de la demanda.
- Tener recursos sin inversión no garantiza reservas.
- Tener reservas sin desarrollo no garantiza producción.
- Tener producción sin infraestructura no garantiza suministro.
- Disponer de oferta sin suficiente demanda puede comprometer la viabilidad económica de nuevas inversiones.
El verdadero desafío consiste en transformar oportunamente recursos en reservas, reservas en producción y producción en suministro efectivo para el mercado.
Porque, finalmente, la seguridad energética no depende solamente de cuánto gas tenemos bajo tierra, sino de nuestra capacidad para convertir ese potencial en energía disponible y desarrollo económico.
Y quizá la pregunta más importante no sea simplemente:
¿Tenemos suficiente gas?
Sino:
¿Estamos desarrollando de manera coordinada los recursos, la infraestructura y la demanda que necesitaremos para garantizar nuestra seguridad energética durante las próximas décadas?
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