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Opinión

El precio de la dependencia: cuando el diésel importado se convierte en vulnerabilidad energética

La menor holgura del mercado internacional de diésel vuelve a poner en el centro del debate la seguridad energética del Perú, cuya dependencia de las importaciones expone a sectores clave de la economía a shocks de oferta, mayores precios y volatilidad.

El mercado internacional del diésel enfrenta mayores tensiones, mientras el Perú mantiene una alta dependencia de las importaciones para atender la demanda interna de este combustible. Elaboración: Índice.pe

El mercado mundial del diésel está enviando una señal que el Perú no debería ignorar: cuando los grandes centros de refinación pierden capacidad o restringen sus exportaciones, los países dependientes de las importaciones quedan expuestos a menor disponibilidad, mayores precios y mayor volatilidad.

Rusia planea extender más allá de septiembre la prohibición de exportaciones de diésel. Este país representa una participación relevante del comercio internacional de diésel. Al mismo tiempo, en Estados Unidos se analiza limitar las exportaciones de este combustible, una medida que la propia industria energética estadounidense advierte podría reducir la producción y presionar aún más los precios internacionales.

No se trata solamente de Rusia o Estados Unidos. La guerra en Oriente Medio también está afectando los flujos de productos refinados y aumentando la tensión sobre un mercado que ya opera con menor holgura.

¿Y qué significa esto para el Perú?
Se estima una demanda nacional de diésel cercana a 159 mil barriles diarios para 2026. Es un combustible crítico para el transporte, la minería, la agricultura, la pesca, la logística y buena parte de la actividad económica.

Nuestras dos principales refinerías tienen una capacidad nominal aproximada de 80 mil barriles diarios de diesel. Sin embargo, Talara todavía no opera al 100% de su capacidad.

Esto revela algo más profundo que un problema coyuntural de precios:

La seguridad energética no depende solamente de cuánto combustible consumimos, sino de cuánto podemos producir, refinar, almacenar y transportar cuando el mercado internacional se tensiona.

Por ello, el Perú necesita una estrategia de largo plazo que considere:

• Recuperar la capacidad efectiva y confiabilidad de las refinerías.
• Fortalecer almacenamiento e infraestructura logística.
• Diversificar fuentes y rutas de suministro.
• Reactivar la exploración y producción nacional de petróleo y gas
• Continuar con la masificación de gas natural
• Contar con reglas e instituciones que permitan atraer inversión de largo plazo.

Durante las próximas décadas, petróleo, gas natural, electricidad y renovables convivirán en la matriz energética. La seguridad estará en contar con una matriz diversificada, infraestructura resiliente y capacidad de respuesta ante shocks externos.

La pregunta de fondo es: ¿Queremos que cada nueva crisis internacional determine cuánto pagamos por nuestra energía?

La experiencia actual demuestra que la dependencia energética tiene un precio. Y ese precio termina llegando a consumidores, empresas, transporte, minería, agricultura y al Estado.

La seguridad energética comienza mucho antes de que aparezca la escasez: comienza con decisiones oportunas de inversión, producción, infraestructura y diversificación.

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