Pese a que la economía peruana acumuló un crecimiento de 3,32% entre enero y agosto de 2025, este avance continúa marcado por un desequilibrio estructural entre los sectores: mientras el comercio, la agricultura y la construcción sostienen la expansión, otros que son fundamentales como la minería, la manufactura, la energía y el turismo siguen mostrando señales de estancamiento.
El Informe Técnico de Producción Nacional del mes de agosto, publicado por el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) reveló que el sector minería e hidrocarburos, tradicional motor del crecimiento, apenas creció 1,62% en los primeros ocho meses del año. La minería metálica avanzó un escaso 2,09%, pese al aumento en la producción de zinc y cobre.
En cambio, se registraron fuertes caídas en oro (-1,38%), hierro (-18,86%) y molibdeno (-8,27%), minerales que históricamente aportan gran parte del valor exportado.
En el subsector hidrocarburos, el retroceso fue más evidente (-1,36%), debido a la menor extracción de líquidos de gas natural. El resultado es una industria estratégica que pierde dinamismo y competitividad frente al contexto internacional.

Lentitud de la industria evita que economía peruana crezca más
El INEI también mostró que otro sector rezagado es la manufactura, que crece a una tasas menor que el promedio nacional, con un avance acumulado de 2,73%, impulsado únicamente por el subsector primario (4,58%), mientras que la manufactura no primaria —que agrupa a la industria con mayor valor agregado— solo creció 2,15%.
Las ramas de productos metálicos, azúcar y confecciones se mantienen deprimidas. El informe advierte que la actividad industrial sigue sin recuperar el vigor previo a la pandemia, afectada por costos elevados y una débil demanda interna.
Servicios básicos también se estancan
El sector electricidad, gas y agua mostró apenas 1,72% de crecimiento, con caídas en la distribución de gas (-1,59%) y bajo ritmo de expansión en electricidad (0,98%). Esto refleja un consumo energético moderado, vinculado al menor dinamismo industrial y a la lentitud en nuevos proyectos de inversión.
La energía termoeléctrica se redujo en más de 5%, mientras que la generación renovable creció, pero desde una base aún pequeña.
En el ámbito de los servicios, el comportamiento también fue desigual. El sector alojamiento y restaurantes creció solo 1,59%, con rubros como pollerías, chifas y restaurantes turísticos en retroceso. La falta de poder adquisitivo, el aumento de costos y los horarios restringidos de atención han limitado su recuperación. Pese a los esfuerzos por dinamizar el turismo interno, el sector no logra despegar.
La pesca, aunque en positivo en el acumulado (6,24%), se contrajo 11,47% en agosto, arrastrada por la caída en la pesca marítima para consumo humano directo (-19,04%). La dependencia de las condiciones climáticas y de la disponibilidad de anchoveta mantiene al sector en alta volatilidad.
Otros sectores
En telecomunicaciones y servicios de información, la expansión fue apenas 0,24% en el acumulado enero-agosto, mostrando una preocupante desaceleración frente al auge registrado en años anteriores. Aunque el servicio de Internet mantiene crecimiento, actividades vinculadas a software, edición y producción audiovisual siguen cayendo.
Incluso el sector financiero y de seguros, que suele acompañar la recuperación económica, muestra un desempeño débil: solo 0,36% de crecimiento acumulado, frenado por la caída de créditos en empresas financieras (-44,32%) y la menor demanda de depósitos a plazo.
Agro, comercio y transporte sostienen la economía
Mientras tanto, el INEI destaca que el mayor impulso económico provino del agro, el comercio, el transporte y la construcción, que compensan las caídas en sectores intensivos en capital.
Sin embargo, esta estructura revela un problema de fondo: la economía peruana crece más por consumo y factores coyunturales que por inversión y productividad sostenida.
El informe deja un mensaje claro: sin una reactivación sólida de la minería, la industria y la energía, el crecimiento continuará apoyándose en sectores vulnerables a los vaivenes del clima, los precios internacionales y el gasto público. Un patrón que, de mantenerse, podría poner en riesgo la estabilidad del crecimiento en 2026.
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