La transformación tecnológica está modificando las habilidades que demandan las empresas. Inteligencia artificial, automatización, análisis de datos, ciberseguridad y otras tecnologías están generando nuevas necesidades de talento en sectores que van desde la banca y las telecomunicaciones hasta la minería, energía, manufactura y salud.
Pero el Perú enfrenta un desafío previo: la participación de las mujeres en las disciplinas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM) continúa siendo reducida.
De acuerdo con información difundida por UNESCO, las mujeres representan apenas 29,2% de los estudiantes matriculados en carreras STEM en el Perú. Asimismo, constituyen 26% de los profesionales vinculados a estas disciplinas y 31,9% de las personas dedicadas a la investigación científica, según los datos citados por el organismo.
La brecha, por tanto, no aparece únicamente cuando una persona ingresa al mercado laboral. Se construye durante la trayectoria educativa y vocacional.
La propia OCDE ha señalado que las mujeres están subrepresentadas entre los graduados STEM en el Perú y que los estereotipos pueden influir en las decisiones educativas y profesionales de las adolescentes.
Una oferta de talento que todavía no alcanza
El problema adquiere una dimensión económica cuando se observa la velocidad con la que las empresas incorporan tecnología.
La inteligencia artificial y la automatización están elevando la importancia de las capacidades digitales, científicas y analíticas. En ese contexto, una menor participación femenina en estas áreas significa también una base más reducida de profesionales disponibles para cubrir puestos especializados.
La OCDE reporta que 26% de los estudiantes que culminan programas de bachillerato en Perú lo hacen en áreas STEM. Sin embargo, la culminación efectiva de estas carreras continúa siendo un desafío: solo 39% de los nuevos ingresantes a programas STEM había completado sus estudios tres años después del tiempo teórico previsto.
En el caso específico de las mujeres, la tasa de culminación de programas STEM tres años después de la duración teórica fue de 33,3%, uno de los niveles más bajos entre los países comparados por la OCDE.
Esto introduce una segunda dimensión en la discusión: no basta con aumentar el ingreso de mujeres a estas carreras; también es necesario lograr que permanezcan y culminen su formación.
La brecha también es regional
El fenómeno no es exclusivo del Perú.
La CEPAL ha advertido que en la mayoría de países de América Latina y el Caribe la proporción de mujeres graduadas en carreras STEM no supera el 40%. Las mayores brechas se observan particularmente en ingeniería, industria y construcción y en tecnologías de la información y las comunicaciones.
El organismo también plantea que incrementar la participación femenina en STEM tiene relación con la autonomía económica de las mujeres y con la transformación de los modelos de desarrollo de la región.
En otras palabras, la discusión dejó de estar limitada al ámbito educativo. La composición del talento que se forma hoy tendrá consecuencias sobre la productividad, la innovación y la capacidad de las empresas para cubrir los empleos que surjan en los próximos años.
Cinco acciones para ampliar el talento femenino
Frente a este escenario, Lucero León, presidenta del Women in Technology Council (WTC) y líder del Consejo Directivo del Women in Technology Summit (WTS) plantea intervenir antes de que las estudiantes tengan que elegir una carrera profesional.
1. Reducir los estereotipos desde la infancia
La percepción de que las matemáticas, la programación o la ingeniería son actividades predominantemente masculinas puede condicionar las decisiones vocacionales.
Por ello, acercar la ciencia y la tecnología a niñas y adolescentes desde edades tempranas puede ampliar el abanico de profesiones que consideran posibles.
2. Multiplicar los referentes femeninos
Mostrar a científicas, ingenieras, investigadoras, programadoras y líderes empresariales permite que las estudiantes encuentren modelos profesionales con los que puedan identificarse.
La visibilidad también puede contribuir a modificar la percepción sobre qué perfiles tienen espacio en las industrias tecnológicas.
3. Pasar de la teoría a la experiencia
Clubes de robótica, programación, inteligencia artificial, laboratorios y ferias científicas pueden funcionar como espacios de exploración antes de la elección universitaria.
La educación técnico-profesional también representa una oportunidad. CEPAL identifica este tipo de formación como un espacio con potencial para desarrollar competencias STEM y favorecer las trayectorias educativas y laborales de las mujeres.
4. Vincular orientación vocacional con empleabilidad
Otro reto es que la elección de una carrera no siempre incorpora información suficiente sobre las oportunidades laborales que existen detrás de una determinada especialidad.
Explicar cuáles son las ocupaciones emergentes, qué competencias solicitan las empresas y qué posibilidades de desarrollo profesional existen puede contribuir a decisiones vocacionales más informadas.
5. Crear redes de mentoría
El acompañamiento puede ser especialmente relevante durante los primeros años de formación.
Conectar a escolares con universitarias y profesionales de sectores tecnológicos permitiría acercar experiencias reales y generar redes que acompañen a las jóvenes durante su trayectoria educativa y posteriormente durante su ingreso al mercado laboral.
Del aula a la productividad empresarial
El desafío para Perú consiste en conectar la agenda educativa con las necesidades productivas.
La participación femenina en tecnología puede tener impacto en industrias estratégicas como minería, energía, banca, telecomunicaciones, manufactura, salud y startups, sectores que están incorporando automatización, inteligencia artificial y herramientas digitales.
El propio Women in Technology Summit 2026 plantea una agenda que conecta tecnología, innovación y negocios, con bloques dedicados a inteligencia artificial, tecnologías emergentes, liderazgo y educación del futuro. El evento está programado para el 30 de septiembre de 2026 en el Delfines Hotel & Convention Center, en Lima, y contempla la participación de líderes empresariales, profesionales tecnológicos y estudiantes de carreras STEM.
La iniciativa también contempla espacios para estudiantes y recién egresadas de carreras de ingeniería, tecnología y STEM, además de mentoría, networking y conexión con referentes del sector.
El reto ya no es solo incorporar mujeres, sino retenerlas
La discusión sobre la brecha de género en STEM puede resumirse en tres etapas: acceso, permanencia e inserción laboral.
Perú todavía tiene tareas pendientes en las tres. La baja participación femenina en las aulas reduce la cantidad de profesionales disponibles; las dificultades de culminación pueden profundizar el déficit; y, finalmente, la transición hacia empleos especializados determinará cuánto de ese talento llega efectivamente a los sectores que están impulsando la transformación tecnológica.

Por ello, cerrar la brecha STEAM no supone únicamente incrementar el número de mujeres que estudian ingeniería o tecnología. Implica construir una trayectoria completa que empiece en la escuela y continúe hasta la investigación, el emprendimiento, el empleo especializado y los puestos de decisión.
Para una economía que busca elevar su productividad y adaptarse a la inteligencia artificial y la automatización, ampliar la participación femenina puede ser también una estrategia para ensanchar la base de talento disponible.
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