Para miles de trabajadores en Lima, la jornada laboral comienza mucho antes de marcar asistencia o conectarse a una reunión virtual. Empieza en la calle, entre buses, automóviles y motocicletas, en desplazamientos que pueden extenderse durante horas antes de llegar al centro de trabajo.
El problema ya no es solamente de movilidad. El tiempo que los trabajadores pasan trasladándose tiene una dimensión económica y laboral: reduce las horas disponibles para actividades productivas, incrementa el cansancio y puede terminar afectando el desempeño durante la jornada.
Los datos más recientes de TomTom Traffic Index 2025 muestran la magnitud del problema. Lima registró un nivel promedio de congestión de 69,3% y los conductores perdieron aproximadamente 195 horas durante las horas punta, equivalentes a 8 días y 3 horas al año. Además, recorrer 10 kilómetros tomó en promedio 34 minutos y 53 segundos. Durante las horas punta, el mismo trayecto demandó 43 minutos y 10 segundos en la mañana y 51 minutos y 17 segundos en la tarde.
El indicador también revela que la situación se deterioró frente a 2024: las horas perdidas en horas punta aumentaron en 15 horas y 20 minutos.
El costo laboral de llegar al trabajo
El impacto de la congestión, sin embargo, no termina cuando el trabajador llega a su oficina.
Un documento de trabajo publicado por el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) en diciembre de 2025, denominado El muy prolongado viaje al trabajo en Perú, concluye que el país registra tiempos de desplazamiento entre los más elevados a nivel internacional. El estudio, basado en las Encuestas Nacionales de Uso del Tiempo de 2010 y 2024, encuentra además un incremento significativo de la duración de los viajes, especialmente en las áreas urbanas.
Una proporción importante de trabajadores dedica más de dos horas diarias al transporte, mientras que Lima Metropolitana presenta algunos de los mayores tiempos de traslado del país. El estudio identifica, además, que los distritos ubicados en el norte de Lima registran los tiempos de desplazamiento más elevados.
El fenómeno tiene una particularidad adicional: el tiempo de traslado no se distribuye de manera uniforme entre los trabajadores. El BCRP encuentra una relación entre la duración del viaje y variables como la edad, las horas trabajadas, el nivel educativo y el tipo de empleo. Incluso señala que, en términos generales, los empleos de mayores ingresos están asociados con desplazamientos más prolongados.
Esto convierte al transporte en una variable que también puede influir en las decisiones laborales. En una ciudad extensa y con empleos concentrados en determinadas zonas, aceptar un puesto de trabajo puede significar asumir diariamente una importante inversión de tiempo en desplazamiento.
Cansancio antes de empezar la jornada
El BCRP ha advertido que la congestión vehicular afecta la competitividad y productividad de la economía. Las horas perdidas en el tráfico reducen el tiempo disponible para actividades productivas, mientras que los desplazamientos más largos generan mayor cansancio. A ello se suma el estrés producido por la congestión y por sistemas de transporte poco eficientes, que puede repercutir sobre la salud física y mental y aumentar la probabilidad de ausencias laborales por enfermedad.
El efecto puede ser particularmente relevante para quienes afrontan diariamente dos o más horas de traslado. El trabajador no necesariamente pierde horas de su jornada formal, pero sí puede llegar a ella después de haber acumulado fatiga y tensión.
En términos empresariales, esto plantea una pregunta que trasciende el control de asistencia: ¿cuánto del potencial productivo de un trabajador se pierde antes de que comience su jornada?
No significa que el tráfico explique por sí solo una menor productividad individual. Pero sí constituye un factor externo que puede incidir en el nivel de energía, concentración y disponibilidad con el que una persona inicia sus actividades.
S/ 20.000 millones en pérdidas
La dimensión económica también es significativa.
En su Reporte de Inflación de diciembre de 2024, el BCRP estimó que el costo de las pérdidas asociadas a la congestión vehicular en Lima, considerando a la población económicamente activa ocupada urbana, ascendía aproximadamente a S/ 20.000 millones, equivalente a alrededor del 2% del PBI de 2023. El cálculo incorpora el valor económico del tiempo perdido como consecuencia de los desplazamientos.
El mismo reporte señala que estudios para América Latina estiman que las pérdidas económicas derivadas de la congestión en distintas ciudades de la región se ubican entre 0,5% y 1,1% del PBI, con una estimación de 0,7% para Lima en 2019. Asimismo, una reducción de 5% en el exceso de tiempo de viaje respecto de condiciones de tráfico libre podría elevar la productividad en aproximadamente 0,5% del PBI en 13 ciudades latinoamericanas, según una investigación citada por el BCRP.
El costo tampoco se limita al trabajador. Para las empresas, la congestión encarece el traslado de insumos y productos, afecta la eficiencia logística y aumenta el consumo de combustible de los vehículos que circulan a velocidades reducidas. Estos mayores costos pueden reducir los retornos de la inversión y afectar la competitividad.
El Banco Mundial, por su parte, ha estimado que los problemas de transporte urbano en Lima representan para el Perú un costo equivalente a alrededor de 1,8% del PBI cada año. La institución también destaca que una mejora del transporte público puede ampliar el acceso de los trabajadores a empleos y oportunidades económicas.
De la congestión a la gestión laboral
Ante este escenario, la discusión empieza a trasladarse también hacia las políticas de gestión de personas.
La flexibilidad horaria, los modelos híbridos y los ingresos escalonados pueden ser herramientas para reducir la presión que genera el desplazamiento diario. No eliminan el problema estructural del transporte, pero permiten a determinadas organizaciones administrar mejor el impacto que la congestión tiene sobre sus colaboradores.
En esa línea, Giancarlo Ameghino, gerente de Gestión y Desarrollo Humano del Grupo Crosland, sostiene que el bienestar laboral debe considerar factores que ocurren fuera de las instalaciones de la empresa.
“En ciudades como Lima, donde muchas personas invierten varias horas al día en traslados, es importante que las organizaciones evalúen mecanismos que reduzcan esa carga”, señaló Ameghino.
Una de las medidas planteadas consiste en evitar reuniones estratégicas durante las primeras horas de la mañana, particularmente entre las 8:00 y las 10:00 a. m., y trasladar determinadas actividades hacia las 10:30 u 11:00 a. m. El objetivo es que las reuniones que requieren mayor concentración se desarrollen cuando los trabajadores ya hayan superado el tramo más crítico de su desplazamiento.
Los horarios escalonados constituyen otra alternativa. Permitir que algunos trabajadores ingresen más temprano o más tarde puede ayudar a distribuir sus desplazamientos fuera de los momentos de mayor congestión.
Un problema que también es de competitividad
El tráfico limeño, por tanto, tiene una doble dimensión. Para el trabajador representa tiempo, cansancio y estrés; para las empresas, mayores costos y potenciales pérdidas de eficiencia; y para la economía, una reducción del tiempo que podría destinarse a actividades productivas.
El desafío no consiste únicamente en construir más infraestructura vial. El propio BCRP plantea la necesidad de inversiones en infraestructura y de un sistema integral de transporte multimodal, junto con mejoras institucionales, para aprovechar los beneficios económicos de una ciudad integrada y reducir los efectos negativos de la congestión.
Mientras esas soluciones estructurales avanzan, las empresas tienen un margen de acción en la organización del trabajo. La pregunta ya no es solamente cuánto demora un trabajador en llegar a su puesto, sino en qué condiciones llega y cuánto de su capacidad productiva puede estar condicionada por ese desplazamiento.
En una ciudad donde los conductores pierden cerca de 195 horas al año en las horas punta, el tráfico dejó de ser únicamente un problema de transporte. También es un factor que empresas, trabajadores y autoridades deben considerar cuando se habla de productividad, competitividad y calidad del empleo.
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