La suscripción de dos Convenios de Evaluación Técnica (CET) entre Perupetro y Repsol para estudiar el potencial hidrocarburífero de las cuencas Ucayali y Madre de Dios podría parecer un trámite más dentro de la administración de recursos energéticos. Sin embargo, ocurre en un momento particularmente sensible para la industria petrolera peruana.
Durante los últimos años, el país ha visto cómo su producción de petróleo se mantiene lejos de los niveles que registró en décadas anteriores, mientras la exploración prácticamente desapareció del radar de los inversionistas. En ese contexto, cualquier nuevo esfuerzo destinado a generar información geológica adquiere una relevancia estratégica.
Los acuerdos suscritos tendrán una vigencia de 24 meses y permitirán a Repsol realizar estudios geológicos y geofísicos no invasivos en las áreas CXIII y CXIV, ubicadas en las cuencas Ucayali y Madre de Dios. Si los resultados son favorables, la compañía tendrá prioridad para negociar futuros contratos de exploración y explotación.
Una industria que intenta salir del estancamiento
Las cifras más recientes muestran una recuperación moderada, aunque insuficiente. En 2025 la producción promedio de petróleo alcanzó los 44.150 barriles diarios, un crecimiento de 8,6% respecto de 2024. Sin embargo, el volumen sigue siendo reducido para un país que llegó a producir más de 100.000 barriles diarios en años anteriores.
La producción actual descansa principalmente en pocos activos. El Lote 95, en Loreto, concentra cerca del 42% del petróleo extraído en el país, seguido por el Lote X y el Lote Z-69 en Piura. Al mismo tiempo, existen lotes importantes que permanecen sin producción, como el Lote 67.
Esta dependencia de un número reducido de operaciones evidencia uno de los principales problemas del sector: la falta de nuevos descubrimientos comerciales.
Más contratos, pero menos exploración efectiva
Aunque Perupetro ha logrado mantener una cartera de contratos de hidrocarburos, el verdadero desafío es convertir esas áreas en inversiones concretas.
Diversos lotes se encuentran afectados por situaciones de fuerza mayor, conflictos sociales, problemas ambientales, retrasos regulatorios o dificultades para acceder a infraestructura de transporte. La situación del Oleoducto Norperuano ha sido particularmente crítica durante los últimos años, limitando la viabilidad económica de varios proyectos amazónicos.
A ello se suma la paralización histórica del Lote 192, considerado uno de los activos petroleros más importantes del país. Su eventual reactivación podría aportar alrededor de 12.000 barriles diarios adicionales en una primera etapa.
El retorno de las grandes apuestas
La firma de los CET con Repsol también refleja un cambio de enfoque. Ante la escasez de nuevas inversiones exploratorias, Perupetro ha comenzado a priorizar mecanismos que permitan generar información geológica antes de comprometer grandes desembolsos de capital.
No es casualidad que en los últimos meses el país haya buscado atraer nuevamente a compañías internacionales. La incorporación de empresas como Chevron a proyectos offshore frente a la costa norte ha sido presentada por el Gobierno como una señal de confianza en el potencial energético peruano.
Sin embargo, los especialistas advierten que la competitividad del Perú frente a otros destinos petroleros de la región sigue siendo limitada. Mientras países como Brasil, Guyana y Argentina captan miles de millones de dólares en exploración, Perú continúa enfrentando incertidumbre regulatoria, lentitud administrativa y conflictos territoriales.
Seguridad energética y recaudación fiscal
La importancia del sector va más allá de la producción física de petróleo. En 2025 la explotación de hidrocarburos generó más de US$1.077 millones en regalías para el Estado, provenientes tanto del petróleo como del gas natural.
Además, el país mantiene una alta dependencia de combustibles importados para abastecer su mercado interno. La caída de la producción nacional ha incrementado la vulnerabilidad frente a las fluctuaciones internacionales de precios y a eventuales interrupciones en el suministro global.
Por ello, la exploración en nuevas cuencas no solo responde a una lógica empresarial, sino también a una necesidad estratégica vinculada a la seguridad energética.
La prueba de fuego
Los convenios firmados con Repsol no garantizan nuevos descubrimientos ni futuras inversiones de explotación. Su principal valor radica en reducir la incertidumbre geológica sobre áreas que han sido poco estudiadas durante décadas.
En una industria donde el riesgo exploratorio es elevado y donde el Perú ha perdido atractivo frente a otros mercados de la región, la generación de nueva información puede convertirse en el primer paso para reactivar una actividad que hoy sobrevive gracias a unos pocos lotes productivos.
La pregunta de fondo es si estos estudios marcarán el inicio de un nuevo ciclo exploratorio o si terminarán sumándose a una larga lista de proyectos que nunca llegaron a convertirse en barriles de petróleo. Para un sector que lleva años esperando señales de recuperación, la respuesta será observada con atención tanto por inversionistas como por el propio Estado.
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