síguenos

Negocios

El nuevo lujo peruano: familias recortan en lo básico para invertir más en bienestar y disfrute

Mientras los productos esenciales muestran un crecimiento marginal, las categorías asociadas al cuidado personal, la salud y los momentos de disfrute social lideran la expansión del consumo en el país. El fenómeno revela una transformación silenciosa en las prioridades de los hogares y plantea nuevos desafíos para las empresas de consumo masivo.

En un país donde la conversación económica suele centrarse en el costo de la canasta básica, la inflación y la pérdida de poder adquisitivo, una nueva tendencia comienza a emerger desde los hábitos de compra de los hogares peruanos: el bienestar personal está ganando terreno como una prioridad de consumo.

Los resultados del estudio Consumer Insights Q1 2026, elaborado por Worldpanel by Numerator sobre una muestra de 5.000 hogares a nivel nacional, muestran que el consumo masivo continúa creciendo en el Perú, con avances de 3,7% en valor y 1,7% en volumen durante el primer trimestre del año.

Sin embargo, más allá de la recuperación del gasto, el informe revela un cambio más profundo: los consumidores están destinando una mayor proporción de sus recursos a categorías vinculadas al autocuidado y la gratificación personal.

La investigación identifica cuatro grandes momentos de consumo. Los productos esenciales —vinculados a alimentación básica, limpieza y aseo— representan todavía el 50% del gasto de los hogares. No obstante, son precisamente las categorías que menos crecen: apenas 1% respecto al mismo periodo del año anterior.

En contraste, los denominados “momentos sociales”, que incluyen snacks, dulces y bebidas para compartir, registran un crecimiento de 8%, mientras que las categorías relacionadas con autocuidado y bienestar avanzan 7%. Se trata de la expansión más dinámica dentro del consumo masivo peruano.

Más que una compra, una inversión emocional

El fenómeno resulta especialmente relevante porque ocurre en un contexto donde la inflación aún se ubica por encima del rango meta y donde parte importante de las categorías de consumo han incrementado sus precios por encima del promedio de la economía.

Tradicionalmente, los períodos de presión económica suelen conducir a una reducción de gastos considerados prescindibles. Sin embargo, los resultados sugieren que los consumidores peruanos están actuando de manera distinta.

La explicación parece encontrarse en una lógica cada vez más asociada al bienestar emocional. Después de varios años marcados por incertidumbre política, desaceleración económica, conflictos sociales y efectos climáticos adversos, los hogares muestran disposición a preservar aquellos consumos que les aportan satisfacción inmediata, salud o una mejor percepción de calidad de vida.

Más que productos, los consumidores buscan experiencias vinculadas al sentirse bien.

El auge del consumidor aspiracional

Otro de los hallazgos más significativos del estudio es que la preferencia por productos premium ya no se limita a los segmentos de mayores ingresos.

Incluso en los niveles socioeconómicos D y E, el índice de compra de marcas premium supera al de las marcas masivas cuando el consumidor percibe beneficios concretos como mejor sabor, atributos saludables, calidad superior o reconocimiento social.

Este comportamiento refleja la consolidación de un consumidor más exigente e informado, dispuesto a realizar sacrificios en otras categorías para acceder a productos que considera diferenciados.

La tendencia desafía una idea arraigada en el mercado peruano: que los hogares de menores ingresos compran exclusivamente en función del precio. Hoy, el valor percibido parece pesar tanto o más que el costo.

Ahorrar en lo básico para gastar mejor

La expansión de las tiendas de descuento ayuda a entender esta nueva dinámica.

Según el estudio, la penetración de los discounters pasó de 58% a 68% en apenas un año. Paralelamente, los formatos pequeños y las compras a granel concentran la mayor parte del gasto de los hogares.

La estrategia es clara: los consumidores buscan eficiencia en las compras cotidianas para liberar recursos destinados a productos que les generan mayor satisfacción o bienestar.

En otras palabras, el ahorro no necesariamente se traduce en menor consumo, sino en una redistribución más inteligente del presupuesto familiar.

Una señal para las empresas

Los resultados también contienen un mensaje para las compañías de consumo masivo.

La batalla ya no parece librarse exclusivamente en el terreno de los precios. Las marcas que logren conectar con las aspiraciones, la salud, el bienestar o las emociones de los consumidores tendrán mayores oportunidades de crecimiento que aquellas que compitan únicamente por ser las más económicas.

El consumidor peruano de 2026 aparece como un comprador más racional en la administración de sus recursos, pero también más dispuesto a invertir en aquello que mejora su vida cotidiana.

Por ello, la principal historia detrás del crecimiento del consumo este año no es la recuperación económica ni el aumento de los salarios. Es la consolidación de una nueva escala de prioridades donde el bienestar personal comienza a ocupar un lugar tan importante como las necesidades básicas.

Advertisement

Lea también

More in Negocios