El Energy Institute Statistical Review of World Energy 2026, considerado una de las principales referencias estadísticas del sector energético mundial, identifica un cambio estructural que también alcanza al Perú: el principal desafío de la transición energética dejó de ser tecnológico para convertirse en regulatorio y operativo.
Las cifras son contundentes. En 2025 la demanda mundial de electricidad creció 3%, mientras la energía solar aumentó cerca de 30%, superando por primera vez a la generación eólica y convirtiéndose en la mayor fuente de crecimiento de la oferta energética mundial. Las energías renovables explicaron el mayor incremento de la oferta energética global fuera de un período recesivo, aunque los combustibles fósiles continúan representando alrededor del 86% del suministro energético total debido al incremento sostenido de la demanda mundial.
Este aparente contraste refleja una nueva realidad: el problema ya no consiste en instalar paneles solares o aerogeneradores, sino en lograr que el sistema eléctrico pueda administrarlos eficientemente.
Una nueva prioridad: la seguridad energética
El informe también muestra cómo la invasión rusa a Ucrania y las tensiones en Medio Oriente transformaron el concepto de transición energética.
Hoy las energías renovables ya no son vistas únicamente como una herramienta para reducir emisiones de carbono. También representan un mecanismo para disminuir la dependencia de combustibles importados y fortalecer la seguridad energética de los países.
Europa constituye el ejemplo más evidente. Desde 2022 aceleró la instalación de proyectos eólicos y solares como parte de su estrategia para reducir su dependencia del gas ruso. Según el informe, la mayor generación renovable permitió evitar miles de millones de euros en importaciones de combustibles fósiles.
El Perú enfrenta un escenario distinto, aunque con desafíos similares.
Su matriz eléctrica continúa siendo una de las más limpias de América Latina gracias al aporte conjunto de la hidroelectricidad y el gas natural de Camisea. Sin embargo, la creciente incorporación de energía solar y eólica comienza a modificar las condiciones de operación del Sistema Eléctrico Interconectado Nacional (SEIN).
El cuello de botella ya no está en la generación
Quizá la principal conclusión del informe internacional sea que la infraestructura eléctrica está creciendo a un ritmo menor que las nuevas inversiones en generación renovable.
La consecuencia es evidente.
Las mayores necesidades de inversión ya no se concentran exclusivamente en nuevas centrales.
Ahora aparecen otros protagonistas:
- líneas de transmisión;
- almacenamiento mediante baterías;
- servicios complementarios;
- respuesta de demanda;
- digitalización;
- flexibilidad operativa.
Es precisamente allí donde el mercado peruano comienza a redefinir sus reglas.
Durante 2025 y 2026 el Ministerio de Energía y Minas impulsó la modificación de la Ley 28832, nuevas propuestas regulatorias para los servicios complementarios y cambios técnicos orientados a fortalecer la confiabilidad del sistema eléctrico conforme aumenta la participación de energías renovables.
La propia cartera de Energía reconoce que el marco regulatorio debe adecuarse a tecnologías que hace pocos años prácticamente no existían en el mercado peruano, como los sistemas de almacenamiento mediante baterías (BESS), agregadores y otros recursos de flexibilidad.
Del megavatio al megavatio flexible
Uno de los cambios más profundos consiste en que el mercado comienza a valorar atributos distintos a la simple capacidad instalada.
Durante décadas bastaba con construir una central eficiente.
Hoy el sistema requiere que esa central también pueda responder rápidamente ante variaciones en la producción solar y eólica.

Por ello cobran importancia conceptos como regulación primaria de frecuencia, reservas operativas, servicios complementarios e inercia del sistema.
En línea con esta tendencia internacional, el MINEM eliminó progresivamente la exoneración que tenían algunas centrales renovables para prestar regulación primaria de frecuencia, argumentando que las nuevas tecnologías permiten que también contribuyan a la estabilidad del sistema eléctrico.
Asimismo, Osinergmin continúa actualizando los procedimientos técnicos relacionados con la operación del SEIN y la regulación de frecuencia, mientras el COES adapta los criterios operativos a una matriz más diversificada.
Las baterías dejan de ser el futuro
Si existe una tecnología que simboliza la nueva etapa del mercado eléctrico mundial son los sistemas de almacenamiento.
El informe del Energy Institute muestra que la capacidad mundial instalada de baterías aumentó alrededor de 66% durante 2025, mientras China incrementó su capacidad en más de 80% en un solo año.
La razón es simple.
Cuando la energía solar genera grandes excedentes durante el día y disminuye abruptamente al atardecer, las baterías permiten desplazar esa energía hacia las horas de mayor demanda.
En otras palabras, el almacenamiento comienza a reemplazar parcialmente funciones que históricamente realizaban únicamente las centrales térmicas e hidroeléctricas.
Diversas empresas generadoras que operan en el Perú —como Orygen, Engie Perú, Kallpa, Celepsa y otras— han manifestado en distintos foros sectoriales que el almacenamiento será indispensable para el siguiente ciclo de inversiones, aunque advierten que todavía resulta necesario establecer mecanismos claros de remuneración y reglas específicas para su participación en el mercado mayorista.
La transmisión adquiere un papel estratégico
Otro fenómeno global comienza a observarse también en el Perú.
Las inversiones en generación avanzan más rápido que las líneas necesarias para transportar esa electricidad.
El país dispone de uno de los mayores potenciales solares de Sudamérica, particularmente en Arequipa, Moquegua y Tacna.
La Asociación Peruana de Energías Renovables (SPR) estima una cartera de miles de megavatios solares en distintas etapas de desarrollo, impulsada por nuevos proyectos de empresas nacionales e internacionales.
Sin embargo, especialistas coinciden en que muchas de esas inversiones dependerán del desarrollo oportuno de infraestructura de transmisión y de una planificación coordinada entre el Estado, el COES y el sector privado.
Una regulación para un mercado diferente
El debate regulatorio probablemente definirá la evolución del sector durante la próxima década.
La reciente modificación de la Ley 28832 abrió la posibilidad de ampliar la competencia tecnológica en las licitaciones eléctricas y modernizar diversos mecanismos del mercado.
Paralelamente, el proyecto de Reglamento de Servicios Complementarios incorpora tecnologías que anteriormente no participaban de forma explícita en la regulación peruana, entre ellas los sistemas de almacenamiento y nuevos proveedores de flexibilidad operativa.
Según el MINEM, estas modificaciones buscan fortalecer la seguridad, confiabilidad y eficiencia del SEIN en un contexto de mayor penetración de energías renovables.
Para diversos gremios empresariales, entre ellos la SNMPE y la SPR, la predictibilidad regulatoria será determinante para acelerar nuevas inversiones y reducir el costo del financiamiento de proyectos renovables, un punto recurrente en el debate sectorial.
Un mercado que también deberá responder al crecimiento de la demanda
La transformación no responde únicamente a la oferta.
Aunque el Perú aún se encuentra lejos de los niveles observados en Estados Unidos o China, estas tendencias comienzan a manifestarse mediante nuevos proyectos mineros, mayor digitalización de la economía y el crecimiento progresivo de la electromovilidad.
Todo ello incrementará la necesidad de contar con un sistema eléctrico más flexible y resiliente.
Más que una transición tecnológica
La transición energética suele representarse mediante imágenes de paneles solares y aerogeneradores.
Sin embargo, el verdadero cambio está ocurriendo detrás de las líneas de transmisión, en los centros de control y en los organismos reguladores.
Las inversiones futuras dependerán tanto de nuevas centrales como de reglas de mercado capaces de valorar la flexibilidad, el almacenamiento y los servicios complementarios.
Para un país que aspira a consolidarse como destino de inversiones en energías renovables, el desafío ya no consiste únicamente en aprovechar su abundante recurso solar o eólico.
La verdadera prueba será construir un mercado eléctrico preparado para administrar esa nueva realidad.
Porque la próxima revolución energética del Perú probablemente no se medirá por los megavatios instalados, sino por la capacidad de su regulación para integrarlos de manera segura, competitiva y eficiente.
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