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“El Niño ya no será como antes y debemos prepararnos para cambios más frecuentes”

La profesora Angie Higuchi advierte que el cambio climático puede profundizar la vulnerabilidad del Perú frente a los fenómenos de El Niño y afectar de manera interconectada a la agricultura, el empleo, los precios, el abastecimiento y la seguridad alimentaria. Ante este escenario, plantea pasar de respuestas reactivas a medidas estructurales de corto, mediano y largo plazo.

Angie Higuchi, investigadora y profesora del Departamento Académico de Ciencias de la Gestión de la PUCP.

Entrevista a Angie Higuchi, investigadora y profesora del Departamento Académico de Ciencias de la Gestión de la PUCP.

Hace unos meses usted advertía que la crisis del mango no debía analizarse solamente como un problema de precios o exportaciones, sino como una situación que afectaba a toda la cadena productiva. ¿Qué tanto de aquellas advertencias considera que hoy se están materializando?

Veo con mucha preocupación que no solamente va a ser el mango, sino todos los productos agropecuarios. La primera señal que hemos tenido ha sido la pesca. Con el aumento de la temperatura del mar, los peces buscan aguas más profundas o se desplazan hacia el sur, hacia aguas más frías. Entonces, ya no se encuentran especies de aguas frías, y si se encuentran, el precio es muy alto.

El segundo frente ha sido la fresa. Este cultivo brinda bastante empleo en la costa, sobre todo en zonas como Huaura y parte de Huaral porque nosotros exportamos fresa congelada y necesitamos que llegue con determinadas condiciones de calidad.

Ya esta semana hemos visto en el mercado nacional que ha subido el tomate, la palta y la papa, por ejemplo. Por eso, no podemos mirar estos fenómenos solamente desde la perspectiva de un producto. Hay que observar qué ocurre con los agricultores, los trabajadores, las agroindustrias, el transporte, los mercados y, finalmente, con los consumidores.

Fresa: una campaña que terminará antes

¿Qué está ocurriendo con la campaña de fresa y por qué el calor se ha convertido en un problema para este cultivo?

El experto en fresas, el ingeniero y profesor de la Universidad Católica Sedes Sapientiae Renato Calle, me explica que con el calor que estamos teniendo, la fresa no está llegando con la turgencia necesaria.

Normalmente, una campaña regular empieza en julio-agosto y dura hasta diciembre. Ya sabemos que hacia diciembre empieza a afectarse por el calor, pero ahora septiembre parece como si fuera finales de diciembre.

En este momento se habla de que la fresa no ha llegado ni al 30% de produccion de una campaña normal. Las agroindustrias freseras van a parar en octubre.

¿Qué implica esta situación para los pequeños productores de Huaura y Huaral?

Si miramos con atención a Huaura y Huaral, el problema no es solamente cuánto produce una hectárea, sino qué pasa con el pequeño agricultor vinculado a la producción de fresa que ya invirtió para instalar su campaña, que recibió una prima o financiamiento para habilitar su terreno y que esperaba recuperar esa inversión con la cosecha. Si no logra producir, después no puede devolver esa prima, generándole un fuerte pasivo.

Si la producción no llega a los niveles esperados, ese agricultor tiene un problema de ingresos y también de compromisos que asumió para poder producir. Y si la agroindustria decide parar antes porque la fruta ya no tiene las condiciones que necesita para ser procesada o exportada, el impacto se transmite directamente. Entonces además de tener menos producción en el campo, en planta también tienes una menor proporción de fruta que cumple con las condiciones requeridas por la industria.

Calidad, exportación y empleo

Además del menor volumen, ¿qué ocurre con la calidad de la fruta destinada a la industria y a la exportación?

Respecto a la calidad, no basta con tener fruta; debe cumplir determinadas condiciones para poder ingresar a los procesos de congelamiento y posteriormente a los mercados de destino. Si el calor hace que la fruta no tenga la turgencia necesaria o afecta sus características, puedes tener una menor cantidad de producto apto para el procesamiento.

Entonces además de tener menos producción en el campo, en planta también tienes una menor proporción de fruta que cumple con las condiciones requeridas por la industria.

¿El problema climático puede terminar alterando incluso la relación entre el pequeño productor y la agroindustria?

Sí. Porque hay una relación de toda la cadena. La agroexportadora necesita un determinado volumen y una determinada calidad. El agricultor necesita producir para recuperar su inversión y obtener un ingreso.

Si el clima afecta la calidad o el rendimiento, ambos terminan afectados.

Y no solamente es el agricultor. Cuando una campaña se acorta, también tienes menos días de trabajo para las personas que realizan la cosecha, selección, procesamiento, empaque y transporte.

Por eso digo que no podemos mirar la fresa solamente como un producto agrícola. Tenemos que mirar toda la cadena.

¿Qué significa para el agricultor que una campaña que normalmente llega hasta diciembre pueda terminar en octubre?

Significa perder meses de producción y de ingresos. Para el pequeño agricultor, dos meses pueden ser muy importantes.

Además, hay que entender que el cultivo no empieza cuando se recoge la fruta. Hay una inversión previa: preparación del terreno, instalación, insumos, fertilización, mano de obra y otros costos. El agricultor hace toda esa inversión pensando en una campaña determinada.

Si por el calor la campaña termina antes, los costos ya están hechos, pero los ingresos esperados no llegan.

¿Y qué puede ocurrir con esos terrenos si la producción de fresa deja de ser rentable?

Cada cultivo tiene sus costos, sus tiempos y sus condiciones. No es tan sencillo como decir “voy a cambiar de cultivo”. Pero si el clima no es adecuado y los insumos son demasiado costosos, el pequeño agricultor puede terminar volteando el terreno y destinándolo a otro cultivo, por ejemplo, aquí en la costa central, maíz o frejol.

¿Cómo se traslada una menor campaña de fresa al empleo y a la actividad económica de la zona?

Si tienes menos fruta en campo, necesitas menos personas para cosechar. Si la planta agroindustrial trabaja menos tiempo porque tienes menos fruta, necesita menos trabajadores durante ese período. También disminuye el movimiento de transporte, embalaje, materiales y otros servicios.

Entonces, cuando hablamos de una caída de producción agrícola, no podemos quedarnos solamente con la cifra de toneladas que se dejan de producir. Tenemos que preguntarnos cuántas personas dependen de esa actividad y cuántos días de trabajo se pierden.

Mango: menor producción y efecto sobre el empleo

¿Cuál es el panorama para el mango y qué factores determinarán el resultado de la próxima campaña?

La campaña regular de mango Kent para exportación empieza aproximadamente en diciembre y termina en marzo.

Según lo que señalan los expertos, podríamos tener un 20% de producción de mango. La floración ha sido de alrededor de 30%, pero si las lluvias comienzan en noviembre y son intensas, podríamos tener todavía menos floración.

Todo depende de la lluvia. Con humedad se activan hongos y plagas. Además, si la planta recibe demasiada agua, las raíces pueden quedarse sin oxígeno. Si las raíces pierden oxígeno por el exceso de agua pueden morir y eso termina reduciendo la producción. El ingeniero Renato Calle menciona que el término técnico refiere a hipoxia en las raíces.

Usted ha realizado algunos cálculos sobre el impacto que podría tener una menor producción de mango en el empleo. ¿Qué muestran esas estimaciones?

Conjuntamente con Renato Calle hemos hecho los cálculos para solo cosecha de mango. En una campaña normal, una hectárea de mango estamos hablando de alrededor de 50 personas menos por hectárea solamente en cosecha. Si extrapolas ese cálculo a las aproximadamente 31.000 hectáreas de mango de Piura, estamos hablando de alrededor de 1,55 millones de puestos o jornadas-persona de cosecha que, bajo ese supuesto, no se requerirían.

Y eso es solamente cosecha. No estamos hablando de la planta de procesamiento ni de los otros empleos e insumos que dependen de la actividad.

De la agroexportación al mercado interno

Cuando disminuye la producción de mango u otros cultivos, ¿por qué el impacto deja de ser exclusivamente agroexportador y puede llegar al mercado interno?

No es un problema solamente de exportación, estoy hablando que es a nivel también de la persona de a pie.

Si no hay producto, no tienes mano de obra para trabajar. Y no solamente hablamos del trabajador del campo. En la agroexportación tienes empacadoras, supervisores, transporte, materiales, empaque y embalaje. Si se detiene la planta porque no hay producto en el campo, toda esa gente se queda sin trabajo. Entonces tienes menos producto, precios más altos y, al mismo tiempo, personas que pierden ingresos.

¿Qué ocurre si este problema de oferta se extiende a otros cultivos y productos?

Imagínate si multiplicas esto por otros productos y otros empleos. Encima, venimos de un COVID, de una crisis de fertilizantes y de un Yaku, además de varios gobiernos en el interín. Hemos ido acumulando problemas que no hemos terminado de resolver. ¿Cuál va a ser el resultado? menores insumos y pérdidas de empleo en múltiples sectores. Por otro lado, mayores costos en los alimentos. El resultado va a ser nefasto para nuestra seguridad alimentaria.

El impacto puede alcanzar a productos no agrícolas

¿Existe el riesgo de que el problema se extienda a productos que no están directamente relacionados con los cultivos afectados?

Si las temperaturas empiezan a subir mucho y además tenemos huaicos, puedes tener problemas de abastecimiento.

Vamos a poner otro ejemplo: el pollo. Si tienes calor extremo, el pollo necesita agua, ventilación y sombra. Si las vías se deterioran, los vehículos no pueden pasar. Si no tiene esas condiciones, puede morir y disminuir el rendimiento de producción.

Esto demuestra que el problema puede darse en múltiples productos.

¿Podría generarse un círculo en el que el agricultor reduzca el uso de fertilizantes para contener costos, obtenga menores rendimientos y termine profundizando el problema de oferta?

Totalmente. El agricultor puede pensar: el clima no me está ayudando, entonces ¿para qué voy a aplicar fertilizantes? Simplemente no aplica fertilización o voltea el campo.

Eso puede terminar afectando el rendimiento y la oferta.

Y eso estamos hablando solamente de la costa. En el sur tenemos heladas, temperaturas muy bajas y afectación de la ganadería.

Seguridad alimentaria: No basta con que haya alimentos disponibles

¿Cómo se relaciona esta situación con la seguridad alimentaria?

La seguridad alimentaria no está compuesta solamente por un componente. Tiene cuatro dimensiones: disponibilidad del producto, acceso al producto, utilización y estabilidad. No solamente importa que el alimento esté en el mercado. También importa que la persona tenga ingresos suficientes para comprarlo.

Si una familia tiene un determinado ingreso y debe destinar una proporción mayor de ese ingreso a la canasta básica porque esta sube, se vuelve más vulnerable.

Por eso, cuando hablamos de seguridad alimentaria, también tenemos que hablar de otros factores como el ingresos, precios y empleo, entre otros.

Desde una mirada económica, si disminuye la oferta de determinados alimentos mientras la demanda se mantiene, ¿qué presión sobre los precios podríamos observar?

Si tienes menos producto en el mercado, vas a tener, mayor precio. El problema es el ingreso de la persona que sigue siendo el mismo. Por lo tanto, para conseguir la misma canasta, van a tener que emplear mayor porción de su ingreso.

¿Quiénes van a sufrir? Los más vulnerables. El más vulnerable va a tener que utilizar un mayor porcentaje de su ingreso para poder alimentarse. En este caso, por ejemplo, MIDIS debe intervenir para asegurar y reforzar la alimentación de las personas más vulnerables.

El vínculo con la pobreza

Si tenemos presiones sobre los precios y los ingresos no se recuperan al mismo ritmo, ¿qué correlato puede tener esto sobre la pobreza?

Si no hay trabajo, no hay ingreso. Si no hay ingreso, no hay poder adquisitivo.

Si el clima afecta a un país, varios sectores empiezan a verse afectados y están interconectados. Hay muchas empresas que van a tener que reinventarse.

Entonces, si tienes empresas que dejan de operar, trabajadores que pierden ingresos y, por otro lado, alimentos que suben de precio, la vulnerabilidad aumenta. Por lo tanto, la pobreza definitivamente incrementa.

El Niño: un fenómeno que trasciende al agro

Desde el punto de vista estrictamente científico, ¿cuál es la diferencia entre un Niño Costero, el fenómeno de El Niño, un Niño Global y el escenario actual que usted denomina “Niño Godzilla”?

El Niño Costero es un calentamiento de la masa de agua del mar que tiene una repercusión principalmente sobre la costa de Ecuador, Perú y de Chile.´

Pero esta vez estamos hablando de un fenómeno de Niño Global. No solamente Perú está siendo afectado. Hay varios países afrontando temperaturas muy altas, varios países afrontando adversidades climáticas extremas. Por una parte, lluvias muy fuertes e inundaciones; por otra, sequías; también calor extremo y, en otros lugares, frío extremo.

¿Qué hace particularmente complejo este escenario para el Perú?

No se evalúa solamente que haya un Niño Costero o un Niño Global. Nosotros venimos heredando un déficit que todavía no hemos recuperado del COVID y también hemos pasado por Yaku. Tenemos además factores externos que no están bajo nuestro control, como el efecto del cambio climático en otros países, la logística global, el alza de combustibles y los conflictos internacionales que afectan también a los fertilizantes, entre otros.

Mayor variabilidad climática

¿Estamos enfrentando un evento puntual o una realidad climática que obliga a cambiar la forma de planificar las campañas agrícolas?

El Perú siempre ha sido vulnerable al fenómeno de El Niño. Es algo histórico.
La agricultura siempre ha sido vulnerable porque depende de insumos, clima, tierra, fertilizantes, mano de obra y semillas.

Pero con el cambio climático, si la agricultura ya era vulnerable, imagínate cuánto más vulnerable podemos volvernos. Ya estamos tarde. El Gobierno tiene que pensar en medidas estructurales y de mediano y largo plazo.

Infraestructura y abastecimiento, el factor carreteras

¿Qué ocurre cuando el problema climático afecta las vías de comunicación?

Si se cierran las carreteras, los productos dejan de llegar.

En la región Amazonas, por ejemplo, cuando las lluvias bloquean las vías empiezan a escasear arroz, azúcar, aceite, abarrotes y productos que llegan desde la costa. También suben los precios de carnes y otros alimentos. Con un fenómeno de mayor magnitud y extendiéndolo a todo el país, este problema puede ampliarse.

¿Por qué el impacto del clima debe analizarse también desde infraestructura, salud y transporte?

No solamente estamos hablando de seguridad alimentaria. Es un impacto global. Tenemos que mirar no solo alimentación sino salud, infraestructura, transporte e ingresos. Con el calor también vienen problemas como el dengue y otras enfermedades asociadas al agua y a las condiciones sanitarias.

También a nivel de transporte están los huaicos y las carreteras. Por ejemplo, si una carretera se bloquea, se afecta el traslado de alimentos y esto termina repercutiendo en los precios.

La respuesta pública: una estrategia multisectorial

¿Qué tan preparada está la respuesta pública frente a un escenario con impactos simultáneos sobre agricultura, infraestructura, salud, empleo y abastecimiento?

Hasta ahora hemos visto respuestas más reactivas, como apagar incendios. No hemos visto una solución estructural donde intervengan los diferentes actores de la sociedad.

Se necesita una comisión multisectorial. Esto no se trata solamente de agricultura, sino que también involucre infraestructura, vivienda, agua, salud, transporte y vías, además del ministerio de desarrollo e inclusión social, la sociedad civil y la academia.

¿Qué debería cambiar en la planificación para identificar a los sectores y productores más expuestos?

No tenemos un sistema de información tecnológico y multisectorial para la toma de decisiones. Los sistemas están aislados. Deberíamos juntar esos componentes y utilizar un sistema de información global.

Además, cada ministerio suele trabajar como un eslabón totalmente independiente. No existe suficiente coordinación entre las distintas carteras para abordar un problema que tiene múltiples dimensiones.

El rol de la empresa privada y la academia

¿Qué rol deberían cumplir el sector privado y la academia?

No se trata de excluir a la empresa, sino de integrarla a la solución. Se podría evaluar una medida como obras por impuestos. Por ejemplo, se puede facilitar que apoye con maquinaria para limpiar caminos o descolmatar ríos.

Y la academia tampoco puede estar aislada. Tiene que aportar soluciones tangibles desde el conocimiento técnico, mediante proyectos de investigación, tesis y publicaciones científicas.

Frente a la pérdida de puestos de trabajo que podría producirse en las zonas afectadas, ¿qué medidas podrían adoptarse?

Hay que pensar qué puede hacer el Ministerio de Trabajo pues es el ente que debería de ofertar empleo. Por ejemplo, se debería de generar empleo para reforzar las riberas de los ríos, apoyar en las carreteras y retirar piedras o materiales que bloqueen las vías.

Eso permite realizar trabajos necesarios para enfrentar el impacto del fenómeno y a la vez colocar ingresos en los bolsillos de las personas al mismo tiempo.

Medición de una eventual crisis de seguridad alimentaria

Si volviéramos a conversar dentro de seis meses, ¿qué indicadores le preocuparía encontrar deteriorados para decir que estamos ante un problema serio de seguridad alimentaria en el Perú?

No sería un solo indicador. Serían varios indicadores macro y micro, que, en su conjunto, mostrarían que tenemos un problema serio de inseguridad alimentaria en el Perú. Por el momento, el PBI, indicadores de producción en pesca y agroexportaciones, indicadores de precios y escasez de productos; estado de carreteras y vias; hospitales y el número de pacientes por enfermedades relacionadas con las temperaturas, el agua y las condiciones sanitarias; tasa de educación en los niños después de shocks climáticos; etcétera.

Finalmente, ¿qué debería cambiar en la manera de prepararnos frente a estos escenarios?

Los fenómenos de El Niño van a ser cada vez más frecuentes. Ahora tenemos que estar preparados para una mayor fuerza de ellos y mayor frecuencia de los fenómenos climáticos.

Necesitamos planes de sostenibilidad de mediano y largo plazo, no solo viendo al Perú sino a los demás países a nivel mundial y cómo están afrontando el cambio climático. Y necesitamos trabajar en conjunto y con técnica. Todo está interconectado.

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