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Finanzas

Peruanos administran mejor su dinero que su historial crediticio: la brecha silenciosa que revela el nuevo Índice de Bienestar Financiero

Mientras la mayoría de indicadores de control financiero, ahorro y resiliencia superan los 60 puntos, el score crediticio apenas alcanza 52,5 sobre 100. El estudio de Experian evidencia que miles de hogares desarrollan buenos hábitos financieros sin que ello se refleje plenamente en su acceso al crédito, un fenómeno con implicancias para la inclusión financiera y el crecimiento económico.

Durante años, el debate sobre las finanzas personales en el Perú ha girado alrededor del endeudamiento, el ahorro o el acceso al crédito. Sin embargo, un nuevo estudio de Experian introduce un elemento que rara vez ocupa titulares: existe una brecha entre la forma en que los peruanos administran su dinero y la manera en que el sistema financiero reconoce ese comportamiento.

Ese hallazgo surge del primer Índice de Bienestar Financiero (IBF), una medición que combina variables tradicionales —como ahorro, resiliencia y planificación financiera— con un componente objetivo poco habitual en este tipo de investigaciones: el score crediticio.

El resultado es revelador. Mientras el índice nacional alcanza 59,8 puntos —el mejor desempeño entre Perú, Chile, Colombia y Panamá—, la dimensión de Control Financiero obtiene 65,6 puntos y la Resiliencia Financiera llega a 62,6. En contraste, el score crediticio registra apenas 52,5 puntos, convirtiéndose en la dimensión más rezagada de toda la evaluación.

Buenos administradores, pero no necesariamente buenos sujetos de crédito

La diferencia es significativa porque pone en evidencia que una parte importante de los hogares mantiene hábitos financieros responsables sin que ello se traduzca plenamente en un historial crediticio sólido.

El estudio identifica comportamientos que respaldan esa afirmación. La mayoría de peruanos planifica las compras de alto valor, compara el costo total de los créditos antes de endeudarse y mantiene una práctica relativamente extendida de ahorro desde el momento en que recibe sus ingresos. Incluso el 82,7% afirma ahorrar regularmente, uno de los porcentajes más altos de la región.

Sin embargo, esas buenas prácticas no encuentran el mismo correlato en la evaluación crediticia.

Para especialistas en inclusión financiera, esta situación puede responder a múltiples factores: alta informalidad laboral, uso limitado de productos financieros formales, escasa construcción de historial crediticio o un acceso desigual al sistema bancario. En otras palabras, administrar bien el dinero no siempre significa generar suficiente información financiera para que el mercado valore adecuadamente ese comportamiento.

Un reto para bancos y fintech

Otro aspecto novedoso es que el score crediticio presenta diferencias relativamente pequeñas entre trabajadores formales, informales e independientes, lo que sugiere que el desafío no se limita únicamente al nivel de ingresos o a la condición laboral. También aparecen contrastes relevantes entre tipos de hogar: los hogares monoparentales registran el puntaje más bajo (41,3), mientras quienes comparten vivienda obtienen los mejores resultados.

Esta información abre una discusión distinta para bancos, cajas municipales, cooperativas y empresas fintech. Si una parte importante de la población demuestra capacidad para administrar sus finanzas, pero no logra construir un historial crediticio equivalente, existe espacio para desarrollar metodologías de evaluación más sofisticadas que incorporen indicadores alternativos de comportamiento financiero.

Más allá del ingreso

Otro dato que rompe con algunos supuestos tradicionales es que las diferencias entre hombres y mujeres, así como entre zonas urbanas y rurales, son relativamente reducidas dentro del índice general. El bienestar financiero aparece distribuido de manera mucho más homogénea de lo que suele asumirse, lo que sugiere que la educación financiera y los hábitos cotidianos pueden tener un peso comparable —o incluso superior— al nivel de ingreso en determinadas dimensiones del bienestar económico.

Precisamente allí radica uno de los principales aportes del informe. Más que medir cuánto dinero poseen los hogares, el Índice de Bienestar Financiero intenta responder cómo administran ese dinero y qué tan preparados están para enfrentar imprevistos o planificar el futuro.

La principal conclusión es que el Perú exhibe una cultura financiera cotidiana más sólida de lo que reflejan muchos indicadores tradicionales. El desafío pendiente consiste en que esa disciplina también se traduzca en un mejor perfil crediticio, ampliando el acceso a financiamiento de calidad y fortaleciendo la inclusión financiera, un componente clave para el crecimiento económico sostenible.

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