En febrero 2026, la minería mantuvo el dinamismo, pero con ajuste productivo y creciente dependencia de precios internacionales, de acuerdo con el Boletín Estadístico Minero (BEM).
De esta manera, el documento, elaborado por el Ministerio de Energía y Minas (Minem), revela que la minería peruana durante el segundo mes del año entró en una fase donde su dinamismo económico depende más del contexto internacional que de su desempeño productivo interno, pero al mismo tiempo muestra confianza de largo plazo vía inversión y estabilidad laboral.
Un cambio en el motor del crecimiento minero
Durante febrero de 2026, la minería peruana mostró un desempeño que marca una transición en la fuente de su dinamismo económico. A diferencia del inicio del año, cuando la expansión estuvo acompañada por un crecimiento productivo generalizado, el segundo mes evidenció un comportamiento mayoritariamente contractivo en la producción de varios metales clave.

Así mientras las exportaciones minero-metálicas crecieron un 58,2% interanual, la producción mostró un comportamiento mayoritariamente contractivo en varios metales como el oro (-8,1%), molibdeno (-9,6%) y plomo (-7,7%), cifras que reflejan un ajuste en los niveles operativos, en línea con patrones estacionales y condiciones específicas de algunas unidades mineras.
En contraste, el valor de las exportaciones mineras continuó en niveles elevados, impulsado principalmente por el incremento de los precios internacionales. El cobre y el oro —principales productos de exportación— registraron aumentos significativos en valor, explicados casi exclusivamente por el efecto precio más que por mayores volúmenes exportados.

De acuerdo con analistas consultados, este desacople entre producción y exportaciones redefine el perfil del crecimiento minero en el corto plazo.
Dependencia del contexto internacional
El desempeño observado en febrero 2026 se inserta en un contexto internacional caracterizado por alta volatilidad financiera y tensiones geopolíticas, factores que han elevado la cotización de metales estratégicos. En este escenario, la minería peruana —responsable de cerca del 73,8% de las exportaciones nacionales— refuerza su rol como principal generador de divisas.
Desde una perspectiva macroeconómica, esta dinámica adquiere mayor relevancia considerando que el crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) nacional mantiene una trayectoria moderada, mientras sectores como la construcción muestran mayor dinamismo y otros, como la manufactura no primaria, registran contracciones.
En ese contexto, el sector minero continúa funcionando como un soporte clave para la balanza comercial y la estabilidad externa, aunque con una mayor exposición a factores exógenos.
Inversión y empleo: señales de estabilidad estructural
Pese al ajuste productivo, los indicadores de mediano plazo muestran una dinámica distinta. La inversión minera acumulada en el primer bimestre alcanzó los US$ 871 millones, con un crecimiento interanual de 35,7%, impulsado por infraestructura, equipamiento y exploración.
Este comportamiento sugiere una continuidad en la ejecución de proyectos y una apuesta sostenida por la expansión futura del sector.

En paralelo, el empleo directo minero se mantuvo relativamente estable, con una leve variación mensual de -0,3%, sin cambios significativos en la estructura laboral. Este resultado refleja una capacidad de ajuste operativo sin impactos abruptos en el mercado laboral, en comparación con otros ciclos de menor actividad.
Un sector clave en una economía en transición
La evolución reciente de la minería se produce en un contexto en el que la economía peruana busca consolidar su recuperación tras un periodo de desaceleración. El subsector minero metálico, que representa alrededor del 9,1% del PBI nacional, continúa siendo un componente central de la estructura productiva.
La combinación de precios internacionales favorables y ajustes productivos internos configura un escenario en el que el crecimiento del sector depende cada vez más de variables externas, mientras se mantienen condiciones de estabilidad en inversión y empleo.
Este patrón refleja una fase en la que la minería peruana sostiene su dinamismo en el corto plazo, al tiempo que mantiene sus fundamentos para el desarrollo de largo plazo.
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