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Economía

Fenómeno El Niño: cuatro impactos que podrían presionar la economía y la actividad empresarial en el Perú

Las alteraciones en las lluvias y temperaturas asociadas al Fenómeno El Niño pueden trascender la emergencia climática y generar efectos sobre la disponibilidad de agua, la infraestructura urbana, los ecosistemas y la continuidad de distintas actividades económicas. La prevención y la gestión de riesgos adquieren un papel central para reducir eventuales impactos.

El Fenómeno El Niño puede afectar la disponibilidad de agua, infraestructura urbana y ecosistemas.

El Fenómeno El Niño plantea un desafío que va más allá de las lluvias intensas, los huaicos o el incremento de las temperaturas. En el Perú, la combinación entre una geografía vulnerable, brechas de infraestructura y la exposición de ciudades y ecosistemas a eventos climáticos extremos puede trasladar sus efectos hacia distintos ámbitos de la economía y de la vida cotidiana.

Desde una perspectiva económica y empresarial, los riesgos asociados al fenómeno pueden reflejarse en la disponibilidad de recursos, la infraestructura necesaria para el funcionamiento de las ciudades y las condiciones ambientales en las que se desarrollan diversas actividades productivas.

La Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH), a través de su carrera de Ingeniería Ambiental, plantea justamente la formación de profesionales orientados al análisis de estos problemas y a la gestión preventiva de riesgos ambientales.

La experiencia de eventos anteriores muestra, además, que los efectos no son homogéneos. Algunas zonas pueden enfrentar un exceso de agua e inundaciones, mientras otras pueden registrar dificultades en su disponibilidad hídrica. Por ello, el impacto debe analizarse considerando las características y vulnerabilidades de cada territorio.

1. El agua, un factor estratégico para la actividad económica

Uno de los principales desafíos se encuentra en la disponibilidad y calidad del agua. Las alteraciones en los patrones de lluvia pueden generar simultáneamente inundaciones en determinadas zonas y restricciones hídricas en otras.

A ello se suma el riesgo sobre la calidad de las fuentes de abastecimiento. Las precipitaciones intensas pueden arrastrar sedimentos y contaminantes hacia ríos y otras fuentes de agua, elevando las exigencias sobre su gestión y protección.

Para las ciudades, las empresas y las actividades productivas que dependen del recurso hídrico, este escenario convierte la gestión del agua en un componente relevante de la planificación frente a eventos climáticos.

2. La infraestructura urbana estará bajo mayor presión

El segundo frente corresponde a los sistemas de drenaje. Calles, canales, alcantarillado y otras estructuras destinadas a evacuar el agua pueden superar su capacidad cuando las precipitaciones son mayores a las habituales.

El riesgo no depende exclusivamente de la cantidad de lluvia. También está relacionado con la capacidad de las ciudades para responder a esos volúmenes de agua y con el estado de la infraestructura existente.

En este contexto, el mantenimiento preventivo adquiere relevancia. La acumulación de residuos en calles y sistemas de evacuación puede agravar las inundaciones, por lo que mantener operativos los mecanismos de drenaje forma parte de las medidas destinadas a reducir la exposición frente a estos eventos.

3. Temperaturas más altas pueden modificar los ecosistemas

El incremento de las temperaturas también puede generar efectos que trascienden el ámbito urbano. Las plantas, animales y microorganismos responden a las variaciones ambientales modificando sus ciclos, distribución y comportamiento.

Algunas especies pueden desplazarse hacia nuevas zonas, mientras otras pueden reducir su presencia. Estos cambios pueden modificar las cadenas alimenticias y alterar el equilibrio de ecosistemas terrestres y marinos.

Para la economía, la evolución de estos ecosistemas constituye un factor a considerar en territorios y actividades cuya operación depende de condiciones ambientales determinadas.

4. La prevención gana espacio frente a la respuesta ante emergencias

El cuarto elemento es la necesidad de fortalecer la prevención. Identificar zonas vulnerables, proteger las fuentes de agua, mantener la infraestructura de drenaje y monitorear los cambios en los ecosistemas son acciones que permiten reducir los riesgos antes de que se produzcan emergencias.

Esta perspectiva supone pasar de una gestión concentrada exclusivamente en la respuesta ante desastres a una estrategia que incorpore la identificación y administración anticipada de riesgos.

La ingeniería ambiental tiene precisamente un papel relevante en este proceso, al aportar herramientas para evaluar vulnerabilidades, diseñar medidas preventivas y gestionar los impactos ambientales asociados a eventos climáticos extremos.

Un desafío que también es económico

El Fenómeno El Niño puede ser abordado, por tanto, como un riesgo climático con potencial incidencia sobre la actividad económica. Agua, infraestructura urbana y condiciones ambientales forman parte de los factores que determinan la capacidad de las ciudades y de los sectores productivos para mantener sus operaciones ante escenarios climáticos adversos.

En ese contexto, anticipar vulnerabilidades y fortalecer las capacidades de prevención puede contribuir a reducir interrupciones y daños asociados a eventos extremos. La gestión ambiental deja así de ser únicamente una respuesta posterior al impacto y adquiere un componente preventivo dentro de la planificación de riesgos.

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