La expansión de la inteligencia artificial (IA) entre los consumidores peruanos está abriendo nuevas oportunidades para las empresas, pero también plantea desafíos para la seguridad de las transacciones y la protección frente al fraude digital.
Según el estudio “Del fraude a la confianza digital: riesgos, prevención e inteligencia artificial en Perú”, elaborado por Experian Perú en 2026, el 48% de los peruanos se siente poco o nada seguro de poder identificar contenidos creados o alterados mediante inteligencia artificial. Frente a este escenario, el 88% manifiesta interés en aprender a reconocer este tipo de engaños.
Los resultados adquieren relevancia en un mercado donde el uso de estas herramientas ya forma parte de las actividades cotidianas. Otro estudio de Experian Perú, “Percepción y uso de la Inteligencia Artificial en decisiones financieras”, señala que el 81% utiliza herramientas de IA al menos una vez por semana, mientras que 29% ya las emplea para analizar o tomar decisiones financieras.
La evolución del uso de estas tecnologías introduce así una nueva dimensión en la relación entre empresas, consumidores y servicios digitales: la capacidad para determinar no solo si un contenido es auténtico, sino también quién está detrás de una interacción y si una solicitud corresponde realmente al contexto en el que se produce.
Del contenido falso a la identidad digital
El avance de herramientas capaces de generar imágenes, voces, videos y textos cada vez más convincentes modifica las condiciones bajo las cuales los consumidores evalúan una comunicación digital.
Para Alfredo Monasi, Pre-Sales Specialist de Experian Perú, la familiaridad con la IA no implica necesariamente que los usuarios estén preparados para identificar intentos de engaño.
“Estar cada vez más familiarizados con la inteligencia artificial no significa necesariamente estar preparados para reconocer cuándo puede utilizarse en un intento de engaño”, señala.
En este escenario, la prevención requiere incorporar otros elementos además de la apariencia del contenido. La recomendación planteada por el especialista apunta a verificar quién realiza la interacción, qué canal utiliza y si la solicitud recibida guarda relación con el contexto.
La distinción es particularmente relevante para los servicios financieros y el comercio digital, donde una interacción aparentemente legítima puede estar vinculada a solicitudes de información, validaciones de identidad o movimientos de dinero.
La IA también entra en la prevención del fraude
La misma tecnología que puede utilizarse para sofisticar determinados mecanismos de engaño también está siendo considerada como una herramienta para fortalecer los sistemas de prevención.
El estudio de Experian muestra que 57% de los peruanos estaría dispuesto a permitir que soluciones de inteligencia artificial analicen información para detectar posibles fraudes.
Esta disposición plantea una relación distinta entre consumidores y tecnología. La preocupación por los riesgos asociados con la IA no necesariamente se traduce en rechazo a su utilización. Una parte de los usuarios estaría dispuesta a permitir un mayor uso de tecnología cuando el objetivo está vinculado directamente con su protección.
Para las empresas, esto abre un espacio para desarrollar mecanismos capaces de identificar patrones de comportamiento y señales de riesgo en tiempo real, particularmente en operaciones digitales.
“La inteligencia artificial tiene una capacidad especialmente relevante para la prevención: analizar distintas señales de una interacción y encontrar patrones que una persona difícilmente podría evaluar de manera aislada”, sostiene Monasi.
Un nuevo reto para empresas y consumidores
El desarrollo de estas herramientas también modifica el desafío para las empresas. La prevención del fraude ya no depende únicamente de mecanismos tradicionales de autenticación o de advertencias dirigidas al usuario.
La evolución tecnológica obliga a combinar datos, identidad, analítica e inteligencia artificial para evaluar el contexto de una operación y determinar si existen señales que ameriten una verificación adicional.
Desde la perspectiva del consumidor, el desafío es paralelo. La capacidad para reconocer un contenido generado artificialmente puede convertirse en una nueva competencia necesaria dentro del proceso de educación financiera y digital.
Esto cobra especial importancia a medida que la IA deja de limitarse a generar contenidos y recomendaciones y comienza a participar de manera más activa en las interacciones entre empresas y usuarios.
La confianza digital entra en una nueva etapa
Los resultados de Experian muestran una brecha entre adopción tecnológica y preparación para enfrentar sus riesgos.
Mientras el uso frecuente de herramientas de IA se extiende entre los consumidores, casi la mitad todavía expresa inseguridad para reconocer contenidos manipulados mediante esta tecnología. Al mismo tiempo, existe un elevado interés por adquirir conocimientos que permitan identificar posibles engaños.
Para las empresas, esta situación puede traducirse en una mayor demanda por soluciones de prevención capaces de operar sin añadir fricciones innecesarias a la experiencia digital.
La protección del consumidor, en ese contexto, comienza a depender de una combinación de factores: educación digital, verificación de identidad, análisis de datos, detección de patrones y herramientas de inteligencia artificial.
La cuestión ya no consiste únicamente en determinar si una imagen, una voz o un mensaje es auténtico. También implica comprobar quién realiza la interacción, con qué autorización y dentro de qué contexto. Esa combinación será parte de las condiciones sobre las que se construya la confianza en los servicios digitales durante los próximos años.
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