Se ha iniciado un nuevo periodo político y el país vuelve a preguntarse hacia dónde quiere avanzar. Tras casi una década de debilitamiento institucional y fragilidad democrática, parece que existe la expectativa de que podríamos lograr ciertos acuerdos entre democracia y mejoras económicas. Ese horizonte exige decisiones estratégicas, y una de ellas pasa, inevitablemente, por el puerto de Chancay.
En su mensaje del 28 de julio, la presidenta de la República destacó la importancia de invertir en sectores como la minería, la agricultura y la infraestructura. Sin embargo, llamó la atención la ausencia de referencias al puerto de Chancay y a los corredores logísticos necesarios para aprovechar plenamente su potencial durante los próximos cinco años.
Este silencio podría responder a un cálculo geopolítico —para evitar encontrarnos en el medio de una competencia entre China y Estados Unidos—, pues su importancia ha cruzado ya nuestras fronteras. Eso no se condice con el crecimiento de las operaciones del puerto de Chancay. Después de un año y cinco meses de operaciones, productos de países como Chile, Colombia y Ecuador llegan a Chancay para enviarse más rápido al mercado asiático. En ese lapso, el puerto ha movilizado el 10% de todos los contenedores a nivel nacional, más de 164.000.
En ese contexto, el reto del Perú es prepararse adecuadamente para afrontar los retos de congestión que suponen llegar a Chanchay, así como generar corredores logísticos en óptimas condiciones que conecten, por ejemplo, con la Amazonía con una visión de desarrollo territorial, tomando en cuenta las preocupaciones ambientales (deforestación, degradación de bosques y otros recursos naturales), necesidades sociales (demanda de trabajo y acceso a servicios públicos) y la seguridad de dicha zona.
Precisamente, ese desafío es el que viene analizando el Consorcio Conexión Chancay Amazonía, cuyos estudios plantean que el verdadero reto no consiste únicamente en desarrollar infraestructura, sino en construir una gobernanza capaz de convertir esa conectividad en desarrollo sostenible
En tal sentido, distintas iniciativas se presentan como posibles conexiones —trenes, carreteras, hidrovías, etc.—, que en principio pueden verse positivas, pero también tienen el riesgo de potenciar actividades ilegales como el narcotráfico, la tala ilegal, la minería ilegal y el crimen organizado, las mismas que ya han tomado muchos de los bosques por donde pasarían estos proyectos y corredores logísticos.
Es cierto que aún está pendiente determinar si el Estado peruano tiene competencias regulatorias sobre el puerto de Chancay. Esa discusión deberá resolverse en su momento, pero no debería paralizar el diseño de una política pública sobre la conectividad nacional, teniendo en cuenta que se trata de puerto de licencia de uso público.
No debemos esperar hasta las próximas elecciones regionales y municipales de octubre para promover un debate amplio, participativo y transparente sobre el tema. Es por eso la necesidad de incorporar ya en el debate público la mejor opción de conectividad con el puerto de Chancay, buscando siempre la alternativa más beneficiosa para todos los peruanos —especialmente para los amazónicos—, y la de menor impacto para nuestro patrimonio amazónico.
Lea también
-
Negocios
/ 4 horas agoEl costo energético de la Industria 4.0: el desafío de digitalizar sin disparar el consumo eléctrico
La expansión de la inteligencia artificial, la automatización y otras tecnologías de la Industria...
Por Redacción Índice -
Opinión
/ 6 horas agoChancay: la oportunidad de los próximos cinco años
El Perú tiene el reto de prepararse adecuadamente para afrontar el desafío que supone...
Por César Gamboa -
Negocios
/ 6 días agoRIMAC ingresa al mercado de fianzas y cauciones y apunta a captar el 15% en cinco años
La aseguradora ofrecerá garantías para contratos públicos y privados, con foco inicial en construcción,...
Por Redacción Índice